Tiempo atrás escribí “Los malos están en Latinoamérica”, “Corporativismo criminal” y “El absurdo mercado de la cocaína”; en esta ocasión, trataré de responder a la pregunta: ¿por qué Estados Unidos y Europa persiguen al “narco de afuera” y evitan su propia demanda?
Aun cuando, juntos, son responsables de más del 70 % del consumo mundial de cocaína y del 90 % de la heroína y los opioides ilegales (UNODC, World Drug Report 2023).
Lo cierto es que dedican la mayor parte de sus esfuerzos antidrogas a operaciones externas de erradicación, cooperación militar y vigilancia. Pero el problema no está solo en la cadena de producción y en las rutas de suministro de drogas; también está en la demanda interna.
EE. UU. destina más de 51.000 millones de dólares anuales a la política de drogas, pero menos del 2 % se dirige a prevención y tratamiento comunitario (RAND Corporation, What America’s Users Spend on Illegal Drugs, 2020). Europa invierte proporcionalmente más en salud pública —sobre todo Portugal, Alemania y los Países Bajos—, pero aún destina el 65 % de sus fondos antidrogas al control de fronteras y a la aplicación de la ley (EMCDDA, European Drug Report 2024).
¿Por qué esta desproporción? Porque culpar al exterior es más fácil y políticamente conveniente. Atacar “narcos” en Colombia o rutas marítimas en el Pacífico y el Atlántico genera titulares y consensos políticos. En cambio, abordar causas profundas como la desigualdad o la falta de acceso a la salud mental implica reformas estructurales lentas y costosas.
Pasemos revista a datos elocuentes: en EE. UU., el 87 % del valor total de la cadena de la cocaína se captura en el mercado minorista interno (UNODC, 2022, Transnational Organized Crime and the Convergence of the Drug, Arms and Human Trade); y en Europa, el 73 % de las incautaciones de cocaína ocurren dentro del territorio, en puertos como Amberes, Rotterdam o Valencia, y son distribuidas por redes locales, no por “cárteles extranjeros” (Europol, EU Serious and Organised Crime Threat Assessment, 2023).
Es decir, la producción tiene un carácter global y la violencia derivada se da tanto en las calles latinoamericanas como en las ciudades y suburbios de Nueva York, Berlín o Madrid, pero el negocio real, la carne, está en EE. UU. y Europa.
Mientras EE. UU. y Europa sigan externalizando la culpa y los recursos, continuarán alimentando un ciclo de violencia, exclusión y mercado negro que se extiende a nivel global. El verdadero desafío no está en las selvas o en los mares, sino en el combate interno, en políticas sociales y en estrategias para desincentivar la demanda. Despenalizar también ayuda: Portugal, tras despenalizar todas las drogas, redujo las muertes por sobredosis en más del 80 % y el VIH entre usuarios en un 95 % (EMCDDA, 2023).
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