El destacado columnista manabita Alfredo Saltos Guale, reconocido y prestigioso ingeniero agrónomo, ha mantenido siempre su preocupación por todo lo relacionado con el sector productivo del Ecuador y, de manera especial, por el sector bananero y el agro en general. Es uno de los pocos investigadores científicos que se mantiene alerta frente a las enfermedades y epidemias que amenazan el cultivo de las musáceas, tanto del banano como del plátano verde, dominico o barraganete, productos que forman parte indispensable de la alimentación de los ecuatorianos y, sobre todo, de la exportación que genera ingentes ingresos de divisas al país.
En reconocimiento a su sabiduría y trayectoria, los gobiernos de Rodrigo Borja Cevallos y de Fabián Alarcón Rivera lo designaron ministro de Agricultura, cargo en el que tuvo un brillante desempeño. Varios medios escritos acogen sus preocupaciones y sugerencias en columnas que mantiene con una perseverancia digna de encomio.
Hace poco, el Ilustre Municipio de Sucre, cantón del que es oriundo, le otorgó la condecoración al Mérito de Buen Ciudadano Caraquense. Desde nuestra época de estudiantes del Colegio Nacional Eloy Alfaro hemos mantenido una relación de amistad ininterrumpida, lo cual me honra en alto grado. A más de sus méritos profesionales, destaco su personalidad de hombre sencillo, amigable y leal.
Hace pocos días, Alfredo me llamó desde Guayaquil, ciudad donde reside desde que inició sus estudios universitarios, para informarme, con tono de alarma y suma preocupación, que las bananeras y plataneras de nuestro litoral están amenazadas por una enfermedad epidémica, causada por un hongo que podría acabar en poco tiempo con las plantaciones de esta fruta. La situación presenta características similares a lo ocurrido a comienzos del siglo XX con la monilia y la escoba de bruja, que asolaron las cacaoteras del país y ocasionaron una grave crisis económica. Frente a esta amenaza, Saltos Guale ha iniciado una cruzada para prevenir esta posible catástrofe. Como buen investigador, recordó que en la Unión Europea existen ingentes fondos derivados de la importación del banano, que el gobierno ecuatoriano no ha reclamado, ya sea por descuido o ignorancia.
Tal parece que el presidente desconoce este inminente peligro, a pesar de pertenecer a una de las familias productoras y exportadoras de banano. Resulta imperdonable que ignore esta situación, más aún considerando los numerosos viajes que realiza al Viejo Continente.
El ingeniero Saltos está empeñado, a través de esta cruzada, en rescatar los fondos retenidos por la Unión Europea, los cuales servirían para afrontar este riesgo desolador.
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