En Ecuador, en los actuales momentos y frente a tantos desafíos urgentes —especialmente en materia de seguridad—, se vuelve imprescindible recuperar y dignificar a la clase política. No se trata solo de exigir mejores representantes, sino de promover una forma distinta de hacer política: más transparente, más humana y, sobre todo, orientada al bien común.
Durante años, el debate público se ha visto empañado por rivalidades personales y políticas, así como por un revanchismo que poco aporta a la solución de los problemas reales del país. Esa política del conflicto permanente solo divide, desgasta y genera desconfianza en la ciudadanía. Cuando los actores políticos se perciben entre sí como enemigos, se vuelve imposible construir acuerdos; y sin acuerdos, ningún país puede avanzar.
Hoy, más que nunca, se necesita una política que apueste por la unidad, entendida no como pensar igual, sino como la capacidad de buscar puntos de encuentro, respetar las diferencias y trabajar juntos en lo esencial. Ecuador enfrenta una crisis de seguridad que amenaza la vida cotidiana de todos; una economía frágil que exige decisiones responsables; y una sociedad que demanda estabilidad, justicia y oportunidades. Nada de esto puede lograrse si cada sector continúa defendiendo únicamente su propio espacio de poder.
Recuperar la política implica también recuperar la confianza. Para ello, los líderes deben actuar con coherencia, dejar de lado el cálculo personal y asumir la responsabilidad histórica que les corresponde.
La grandeza de un político se demuestra en su capacidad de dialogar incluso con quien piensa distinto, en priorizar soluciones antes que disputas, y en recordar que el cargo público es un servicio, no un botín.
El país necesita voces que unan, no que fragmenten. Necesita gestos de madurez, no discursos que alimenten el enojo y la violencia. Ecuador merece dirigentes que, más que buscar culpables, se enfoquen en construir caminos posibles. También merece una ciudadanía que exija ese comportamiento, que valore la colaboración y rechace la confrontación innecesaria.
La reconstrucción de la política ecuatoriana no será inmediata ni sencilla, pero empieza con una decisión: dejar atrás la lógica del enfrentamiento y abrir paso a una nueva etapa, donde la voluntad de trabajar juntos pese más que las diferencias. Solo así se podrá construir un país más seguro, más justo y más esperanzador para todos.
La grieta política de Ecuador, que hace algunos años se abrió con mayor profundidad, quizá sea difícil de cerrar por completo, pero sí es posible tender puentes que beneficien al mandante.
@AndreaLimongiS