La Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (Uleam) no es solo un conjunto de aulas y pasillos; es el alma de un pueblo, tejida en una historia que, al observarse detenidamente, revela una profunda estructura dialéctica.

Su joven existencia de cuarenta años se ha desplegado en un tríptico de momentos cruciales, donde cada etapa se ha negado y, a la vez, elevado a la anterior, forjando una institución más resiliente y visionaria.

El primer acto de esta epopeya universitaria fue el de la identidad e institucionalización, liderado por Medardo Mora Solórzano. Momento fundacional, la tesis inicial, la dulce afirmación de su ser en el vasto territorio manabita. Se levantaron los primeros muros, se esbozó la filosofía laica y humanista, y se sembraron las semillas de la academia. Era la Uleam en su estado de gracia primigenia, definiendo su esencia, plasmando su escudo y su misión en el mapa de la educación superior ecuatoriana. Esta etapa representó la cimentación de la casa, el establecimiento de las reglas y del espíritu propio.

Pero la vida, en su incesante movimiento, presentó la antítesis feroz: la intervención y el terremoto. De pronto, la estabilidad forjada se vio negada por dos fuerzas. La intervención, vista como un sismo político-administrativo, desafió la autonomía y la identidad institucional, obligando a la universidad a transformar su gestión, pero manteniendo su espíritu con férrea determinación. Apenas superada esta contienda, la tierra rugió el 16 de abril de 2016. El terremoto, con su aliento de escombros y duelo, derribó estructuras físicas y puso a prueba la fibra moral de la comunidad.

La Uleam, en lugar de colapsar, se convirtió en un faro de solidaridad, un laboratorio de resiliencia social. Esta etapa, liderada por el eterno rector Miguel Camino Solórzano, marcada por la lucha y el dolor, fue la fragua que endureció su carácter, demostrando que su institucionalización no era de papel, sino de servicio y compromiso.

De esta confrontación de fuerzas surge el tercer momento, la luminosa síntesis: la prospección, liderada por Marcos Zambrano Zambrano. La Uleam mira hacia el futuro desde la sabiduría adquirida en la tormenta.

Esta síntesis se manifiesta en la renovación que toca cada rincón de la vida universitaria. En el ámbito académico, la prospección implica calidad, ampliación y diversificación de la oferta. En infraestructura, tecnología y vanguardia, busca que las aulas y laboratorios se conviertan en espacios de creación y descubrimiento.

El corazón de esta dialéctica culmina en el reconocimiento de que la institución, al resistir la negación, ha encontrado su verdadero potencial: ser una universidad que educa mentes y forma seres humanos listos para transformar. La Uleam, definitivamente, se encuentra en buenas manos.

wilmersuarezvelasquez@gmail.com