Ya vamos a cumplir una década desde que la tierra nos sacudió la vida, el corazón y la mente, despertándonos con un ruido que ensordece y aumentando la dependencia, en cada gobierno de turno, de autoridades locales que muy poco han podido hacer y mucho menos evitar el triste deterioro en la calidad de la infraestructura y de la formación académica de nuestros jóvenes, sin futuro ni esperanza de lograr lo que en su momento tuvo el Colegio Nacional Eloy Alfaro, ubicado en la zona de mayor interés para el desarrollo del potencial turístico que tiene Bahía de Caráquez.
Como exestudiante, desde luego que añoro la mejor época de todo ser humano, en el mejor lugar que el universo pudiera tener para educarse mirando el mar, y me sumo a todas las iniciativas que gestionen su reconstrucción, no solo en la calidad de la infraestructura educativa, sino en la proyección de una educación mucho más comprometida con el desarrollo tecnológico que demanda el territorio. Pero se debe trazar una ruta bien clara para salir del pantano.
Escuchando la opinión de quienes asumen causas según el valor político que representen, y de personas bien intencionadas que siempre dejan entrever el apego al pasado, lo único cierto es que dicho colegio fue un hito importante en la comunidad, como lo fueron el tren y el control de aduana para la carga de productos importados y con fines de exportación, entre otros, que hoy solo quedan en monumentos, fotos y libros que guardan la historia, y que podrían servir de reliquias para el turismo nacional. Sin embargo, con el paso del tiempo se fueron perdiendo, como vemos que ya se disuelve, poco a poco también, la ciudad patrimonial.
Por ello, así como el Municipio de Sucre asumió del Gobierno lo que fuera el Colegio Nocturno Bahía de Caráquez, para al menos rescatar el patrimonio mientras sus estudiantes siguen deambulando por colegios ajenos, hoy le corresponde analizar con mayor visión la ubicación del nuevo Colegio Eloy Alfaro, en el sector de expansión urbana de Leonidas Plaza, porque en su lugar se vuelve urgente captar la inversión privada para la infraestructura turística, si se quiere generar empleo permanente y reactivar la economía local.
Pero levantarán la voz quienes creen que se debe regresar al Liceo Mercantil y Pedro Carbo de 1887, los ciegos que se oponían al traslado del terminal y del hospital, y los que nos gobiernan, a pesar de que en el pasado ya impulsaron la venta de lo que eran canchas deportivas de la liga cantonal, donde hoy existe el shopping de Bahía y el acceso al puente Bahía–San Vicente. Porque en el menú de campaña es mejor dejarlo así, para seguir con la retórica del agua 24/7 en una ciudad deportiva y ecológica, con seguridad económica y social.