Tuti, la cadena de tiendas de conveniencia —en estricta teoría, eso es—, en poco tiempo ha revolucionado el mercado de venta al detal de comestibles. Partió por la mitad el modelo de negocio de supermercado que se conocía hasta entonces, porque de pronto, y en el momento menos pensado, lanzó una "bomba de precisión" en un mercado dominado por tres o quizá cinco grandes cadenas que se repartían cómodamente el mercado del Ecuador.
Lo que asombra de Tuti es que ha logrado en poco tiempo lo que normalmente toma años: posicionar la marca en la mente del consumidor y, además, asociar su nombre al ahorro y a la cercanía. Es decir, hoy por hoy, si alguien quiere hablar de comestibles y de artículos para el hogar de uso frecuente a precios bajos, irremediablemente tendrá que pensar en Tuti. Admirable desde el punto de vista empresarial.
Pero la incursión de Tuti en el mercado ecuatoriano, que, como he dicho, no ha sido "tranquila ni sin ruido", ha causado estragos en su competencia. A mi manera de ver las cosas, su presencia y su original modelo de negocio iniciaron, quizá sin querer, una guerra de precios que no fue sentida en sus inicios, pero sí más tarde. Como resultado, los grandes actores del negocio de supermercados comenzaron a responder creando sus propios formatos similares al de Tuti. Hoy, los consumidores tienen opciones en el segmento de tiendas de conveniencia fruto de estas decisiones: Tiago, de Tía; Mini, de Mi Comisariato; y B-Sí, de Corporación Favorita (Supermaxi).
Lamentablemente, en esta guerra, como en todas, hay víctimas, pero también habrá uno o más triunfadores, lo que dependerá en gran medida —como ocurre también en los conflictos bélicos— del capital del que dispongan para este "enfrentamiento" y, obviamente, de la estrategia y la tecnología que ayuden al consumidor a decidir. Es penoso, eso sí, que esforzados propietarios de pequeñas y medianas empresas resulten seriamente afectados en sus negocios. Ellos también deberán estudiar su estrategia para sobrevivir en este nuevo escenario.
Así las cosas, no debería sorprendernos esta guerra de precios. Han ocurrido muchas en varios países del mundo y en diferentes periodos de la historia. Es común que sucedan en economías libres. Lo que se debe vigilar es que los participantes de estas "guerras" no violen las leyes del mercado y que el gran beneficiario sea el consumidor final.
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