El 18 de octubre de 1820, Portoviejo escribió una de las páginas más valientes de su historia.
En aquel tiempo de incertidumbre y esperanza, hombres y mujeres se unieron al ideal de libertad que ya recorría el territorio ecuatoriano. No se trataba solo de liberarse de un yugo político, sino de afirmar una identidad, de decir con orgullo que esta tierra manabita tenía voz propia, voluntad y destino. La independencia de Portoviejo fue un acto de fe en el porvenir, una apuesta por la dignidad humana y por el derecho a decidir sobre su propio destino.
Más de dos siglos después, aquella gesta no es solo un recuerdo que se conmemora cada octubre. Es un símbolo que nos interpela. La independencia no terminó con la firma de un acta ni con la caída del poder colonial. Es una tarea que se renueva día a día, porque ser libres implica más que no tener cadenas: implica tener conciencia, educación, justicia y oportunidades para todos.
Hoy, Portoviejo vive otro tipo de luchas. La libertad del siglo XXI no se conquista en los campos de batalla, sino en las aulas, en los espacios públicos, en las instituciones y en los hogares. Se conquista cada vez que un joven decide estudiar y no rendirse ante las dificultades; cada vez que una mujer lidera, participa y transforma su entorno; cada vez que un ciudadano actúa con honestidad y compromiso.
Nuestra ciudad ha conocido el dolor y la adversidad, pero también la resiliencia. El terremoto de 2016 marcó un antes y un después, y sin embargo, Portoviejo se levantó. Esa capacidad de reconstruirse, de reinventarse y de mirar hacia adelante, es la más auténtica expresión de independencia. La libertad también se demuestra cuando el pueblo no se deja vencer por la adversidad, cuando elige seguir creyendo, creando y sirviendo.
Los desafíos son distintos, pero igualmente urgentes. La independencia de Portoviejo en el siglo XXI pasa por garantizar la equidad social, promover el desarrollo sostenible, proteger la naturaleza que nos rodea, fortalecer la educación y la salud, y abrir caminos para que todos —sin excepción— puedan participar del progreso.
Celebrar el 18 de octubre no debe limitarse a un acto protocolario o a un desfile. Es una oportunidad para preguntarnos: ¿qué significa ser portovejenses hoy? Significa continuar la obra de quienes soñaron con una tierra libre y próspera; significa unir esfuerzos por una ciudad más humana, más culta, más solidaria.
No nací en Portoviejo, pero me abrió sus puertas y me brindó la oportunidad de servir. Aquí encontré un lugar donde los lazos se tejen con afecto, donde el compromiso con la comunidad se siente en cada acción y donde he aprendido que el verdadero amor por una tierra nace del agradecimiento y del deseo de verla crecer. Hoy puedo decir, con orgullo y alegría, que soy feliz de vivir en Portoviejo.