La propuesta del Ejecutivo de redistribuir la jornada laboral de 40 horas semanales, hasta un máximo de diez horas diarias, es favorable tanto para los trabajadores como para los empleadores.

Responde, en parte, a la necesidad de flexibilizar el trabajo de acuerdo con las necesidades de ambos sectores.

El plan permitiría distribuir las 40 horas en jornadas de cuatro, cinco o seis días, bajo acuerdos voluntarios registrados y fiscalizados por el Estado. Esto permitirá regular posibles excesos de cualquiera de las dos partes.

De esta forma, se puede ampliar descansos, facilitar la vida familiar, permitir alguna ocupación adicional o, incluso, estimular actividades productivas como el turismo. Además, se moderniza el empleo sin precarizarlo.

Eso sí, hay que establecer límites y mantener un control real.

Las condiciones laborales en Ecuador tienen que avanzar para adaptarse a las modalidades modernas de contratación y de ejercicio laboral. El actual Código de Trabajo está cerca de cumplir 90 años de vigencia. Fue ideado para otra época, por lo que su revisión es urgente para volver más competitivo y eficiente al país.

Las condiciones actuales lo que hacen es mantener un sistema rígido que lleva con frecuencia a incrementar la informalidad y la precariedad.