El reciente proceso electoral dejó más preguntas que certezas. Entre ellas, una que resuena en el ambiente: ¿habrá sido acertado votar “no”? La respuesta, todavía, no la sabemos. Quizá esa sea precisamente la esencia de la democracia: comprender que cada decisión colectiva implica riesgos, esperanzas, temores y responsabilidades que solo el tiempo nos ayudará a medir y sobre todo, reconocer que, más allá de nuestras opiniones individuales, el resultado expresa la voluntad de un pueblo que merece ser escuchada y respetada.
El “no” no nace necesariamente del rechazo absoluto, sino muchas veces de la duda, del miedo. Da la sensación de que la propuesta presentada no era lo suficientemente clara, de que faltaban explicaciones, de que el país necesitaba más diálogo y menos premura. Votar “no” fue, para muchos, un acto de prudencia. Para otros, una expresión de inconformidad. Lo cierto es que el resultado refleja una ciudadanía que observa, cuestiona y exige, y cuya decisión —nos guste o no— forma parte legítima del camino democrático que compartimos.
Al mismo tiempo, votar “no” trae consigo un compromiso. Porque rechazar una propuesta no significa quedarse al margen de lo que viene. Y aunque hoy no sepamos si elegimos el camino más conveniente, sí sabemos que ese camino nos pertenece a todos. No podemos delegar la responsabilidad de construirlo únicamente a las autoridades o a quienes toman decisiones desde los espacios de poder. La democracia no es un evento del domingo; es un proceso cotidiano.
La incertidumbre sobre si fue acertado o no votar “no” debe impulsarnos, no paralizarnos. Debe movernos a participar más, a informarnos mejor, a exigir con argumentos, a involucrarnos en las soluciones y no solo en las críticas. Si algo nos ha demostrado la vida pública en los últimos años es que ninguna decisión —ni un sí ni un no— arregla por sí sola los desafíos profundos de un país. Las transformaciones reales requieren compromiso ciudadano, coherencia ética y voluntad de diálogo.
El “no” debe ser, entonces, un punto de partida para revisar con seriedad qué alternativas necesitamos: propuestas más claras, debates más honestos, liderazgos más cercanos a la gente y políticas públicas que respondan a la realidad, no a los deseos del momento.
Mientras el país avanza entre incertidumbres y expectativas, recordemos que la política no ocurre lejos, en un escritorio o en una cámara legislativa: ocurre aquí, en lo que cada uno decide aportar. Podemos no saber aún si votar “no” fue lo acertado, pero sí sabemos que el acierto será acompañar ese voto con responsabilidad, reflexión y participación.
mnadum@hotmail.com