Cada 1 de octubre celebramos el Día del Pasillo, una fecha dedicada a honrar uno de los géneros musicales más representativos y emotivos del país.

El pasillo ecuatoriano no solo es un estilo musical, sino una expresión profunda del alma nacional, que refleja los sentimientos más íntimos de amor, nostalgia, dolor y esperanza. Esta fecha fue oficialmente declarada en 1993 en homenaje al natalicio de uno de sus más grandes exponentes: Julio Jaramillo Laurido, conocido como el Ruiseñor de América.

Este género musical tiene sus orígenes en el siglo XIX y fue influenciado por el vals europeo y el ritmo colombiano del mismo nombre. En nuestro país, sin embargo, adquirió características únicas que lo diferencian del pasillo colombiano. Se volvió más lento, melancólico y profundamente lírico. Su desarrollo estuvo ligado al auge de las letras románticas y a la aparición de poetas y compositores que supieron plasmar la identidad nacional en sus versos y melodías.

Entre los grandes exponentes del pasillo ecuatoriano destacan nombres como Nicasio Safadi, Enrique Ibáñez Mora, Carlota Jaramillo, Luis Alberto Valencia y, por supuesto, Julio Jaramillo. Este último lo llevó a escenarios internacionales y grabó cientos de canciones, muchas de ellas himnos del sentimiento popular, como Nuestro juramento, Fatalidad y Te esperaré.

Aunque durante un tiempo el pasillo parecía haber quedado relegado frente a otros géneros más comerciales, en los últimos años ha vivido un proceso de revalorización. Artistas contemporáneos lo han retomado, dándole un nuevo aire sin perder su esencia. Uno de los nombres más destacados en esta nueva generación es María Tejada, quien lo ha fusionado con elementos del jazz y la música académica, mostrando su riqueza melódica en escenarios internacionales.

También sobresale el grupo Papá Changó que, aunque es más conocido por el reggae, ha realizado homenajes al pasillo con versiones modernas que conectan con el público joven. Por su parte, Paulina Tamayo, aunque más ligada al género popular, ha mantenido viva la llama del pasillo tradicional con interpretaciones llenas de fuerza y sentimiento. Otro nombre relevante es Juan Fernando Velasco, quien lo incluyó en su repertorio, como el tema Para que no me olvides, logrando una fusión contemporánea muy bien recibida por el público internacional.

El 1 de octubre es más que una efeméride: es un recordatorio del valor de nuestras raíces y de la capacidad del pasillo para unir pasado y presente en una misma melodía. Preservarlo es resguardar una parte importante de la cultura musical y del alma ecuatoriana.

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