En Instagram he disfrutado algunos spoilers de la película Drácula, del director Luc Besson, guionista y productor francés considerado uno de los más influyentes del séptimo arte en la actualidad, por su capacidad cinematográfica estilizada (castillos antiguos, neblina, excesos barrocos), poética y emocional.

Estoy con gran expectativa de disfrutar la versión más humana, romántica y heroica del conde, interpretada por Caleb Landry Jones, que parece asustar menos y divertir más.

Creo que el mensaje de amor, como el título indica, A Love Tale (Un cuento de amor), llama a la niña interior, a la niña Disney que todavía existe. En efecto, el mensaje de esta película es un himno al amor: describe a un monstruo sumamente sentimental que espera a su amada por siglos, hasta que aquella reencarna y puede volver a encontrarse. Me encanta la fantasía gótica con drama romántico y tintes psicológicos, así que esta creación está en mi lista.

El director Besson ha dicho que se inspiró en la canción The Diner (La cena), de Billie Eilish, cuyo ritmo y letra son una mezcla de dark pop y thriller psicológico, muy teatral, para crear la película. La música habla de alguien que vigila y aparece sin permiso en lugares inesperados, con detalles que dan pistas de su identidad. Muy al estilo de la cantante, que no es mi favorita ni mucho menos, pero encaja perfecto en la película por su tono enigmático, juguetón y oscuro.

Ahora, ¿por qué el mito de Drácula tiene tanto éxito? Quizá porque explora el deseo de la inmortalidad, que en la trama se desarrolla junto a la soledad y el rechazo. Sí, se podría ser eterno, pero las historias de amor que acontecen en esa perpetuidad son efímeras y, si el amor es el objeto, ¿cuál es el sentido de un sinfín? Luego nos encontramos con el monstruo que tiene sentimientos profundos, que busca el amor y la redención; es decir, es increíblemente humano. Su naturaleza es compartida por un mortal y, por tanto, explora las sombras del alma.

Y luego tenemos la estética, en la que Besson es extraordinario: volver a la época gótica de los castillos, la fantasía y el simbolismo medieval. El cine nos abstrae de la realidad, nos permite evadir la cotidianidad, habitar otras vidas, tiempos y lugares; sentir adrenalina y suspenso sin peligro, hacer una catarsis. El cine como escape nos presta emociones y, a la vez, es un libro para los ojos, si lo sabemos apreciar.

Mi niña interna está esperando que el Drácula de Besson llegue a las salas del país, para compararlo con el conde de Gary Shore, interpretado por el fabuloso Luke Evans.

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