En estos días de tensión nacional, el paro indígena ha vuelto a evidenciar las profundas fracturas sociales que aún atraviesan Ecuador.

Desde Manabí, tierra resiliente y solidaria, observo con preocupación cómo el legítimo derecho a la protesta se transforma, en ciertos casos, en actos de violencia que vulneran derechos esenciales de los ciudadanos.

Reconozco el valor histórico de la lucha indígena. Sus demandas no solo son válidas, sino urgentes: acceso digno a servicios, respeto a sus territorios, participación e integración equitativa en las decisiones del Estado. Sin embargo, considero esencial que la dirigencia indígena comprenda el verdadero significado de vivir en democracia: el respeto a las instituciones, a la ley, al debido proceso y al gobierno elegido por la voluntad popular.

El Estado ecuatoriano no debe ni puede vivir en la anarquía. Cuando las vías se bloquean, los mercados se quedan sin alimentos y los trabajadores sin posibilidad de llegar a sus puestos. En algunos casos, se ha obligado al cierre de tiendas, se ha expulsado con violencia a empleados de la industria, se ha derramado leche producida en fábricas, e incluso se han roto tuberías de agua potable para cortar el servicio público. Se ha llegado al extremo de incendiar cuarteles policiales y capturar militares para aplicarles justicia indígena. Estos actos rompen el delicado equilibrio entre el derecho a la protesta y el derecho a la vida cotidiana. Estos actos violan la ley y las normas básicas de la convivencia.

Es importante entender que el derecho de unos termina donde comienza el derecho de los otros. Este principio no es solo legal: es ético, social y profundamente humano.

Como ecuatoriano, creo en el poder del entendimiento. Como montuvio, en la dignidad del trabajo. Como demócrata, en la fuerza del símbolo que une, no en el gesto que separa. No se trata de ignorar sus pedidos, sino de buscar caminos que no profundicen la división. Para ello, el diálogo es vital. Pero para que sea fructífero, la dirigencia de la Conaie debe moderar su postura ideológica. La información veraz y el sustento técnico deben ser la base de sus conquistas sociales.

Ecuador necesita puentes, no trincheras. Necesita líderes que escuchen, ciudadanos que dialoguen y medios que informen con responsabilidad.

Desde Manabí, hago un llamado a la sensatez, al respeto mutuo y a la responsabilidad compartida. Que las voces indígenas con propuestas sean escuchadas con atención, pero que también se escuche el clamor de quienes pedimos soluciones sin violencia.

Solo así podremos construir un país donde todos tengamos espacio, voz y futuro.

leandro.briones.r@gmail.com