Es importante el beneficio que el Plan AAA y otras obras generan en las zonas rurales de Portoviejo, incluida la parroquia Crucita.
A estos trabajos los llamamos invisibles porque no se ven, pero sirven mucho a las comunidades (tuberías de agua potable, alcantarillado, etc.).
También están las obras que no se ven porque no existen, que en realidad son aspiraciones de las personas que las necesitan. Tal es el caso de calles, aceras, rampas, internet y postes de energía eléctrica, entre otras.
Hace pocos días recorrí la parroquia Crucita, a la que solíamos llamar La Bella, y vi mucho caos en un domingo cualquiera. Obviamente se notaba la alegría entre los lugareños y visitantes que disfrutaban de esta playa, una bebida y música, mientras yo observaba más allá algunos problemas persistentes.
Es verdad que cuando una persona quiere divertirse pone el alma sin importar ciertos detalles, pero en el caso de Crucita esos detalles son muchos y afectan, en mi criterio, el desarrollo de este balneario.
Durante décadas he esperado que la obra pública se extienda a la única playa de Portoviejo. Siento que se hacen obras a medias, por ejemplo, reforzar el malecón —que actualmente está en pésima condición— con piedras que los aguajes derrumban con facilidad.
Siempre hay caos vehicular porque tiene un malecón tan angosto que no soporta la circulación de vehículos en doble vía. A esto se suman los carros estacionados por sus dueños en cualquier lugar, sin pensar en la incomodidad que pueden generar.
El día que visité Crucita no vi un policía nacional, de tránsito ni personal de la Armada haciendo un control para dar seguridad a las personas que siguen apostando por las bondades de esta playa. La seguridad debe ser constante.
Había ruido en exceso. Conté cinco carros con gigantes parlantes en sus cajuelas, convirtiéndose este hecho en una discoteca a plena luz, al aire libre, generando contaminación por ruido. A mí me encanta la música, pero conozco los límites.
Aún hay calles en mal estado en Crucita, Los Ranchos, Los Arenales y Las Gilces; necesitan intervención urgente.
Puedo sonar como una caja de resonancia de quejas, pero estas nacen de mi profundo deseo de ver cambios en un lugar que me gusta y defiendo cuando escucho críticas sin parar. La naturaleza y el servicio de sus habitantes están allí, pero falta el complemento para que La Bella recupere su esplendor.
@AndreaLimongiS