Siempre he sostenido que la provincia de Manabí no necesita milagros, sino excelentes carreteras.
Las vías son la base de toda economía viva: conectan a los productores con los mercados, a los turistas con los destinos y a las comunidades con las oportunidades. Sin caminos en buen estado, el desarrollo se frena, la inversión se aleja y el turismo se convierte en una promesa que nunca llega.
Durante años, el discurso del progreso provincial ha incluido palabras como “potencial”, “emprendimiento” y “competitividad”. Pero el potencial no viaja por caminos llenos de baches. La realidad es que buena parte de la red vial manabita, tanto estatal como provincial, se encuentra deteriorada, mal señalizada y con tramos que se vuelven intransitables en invierno. En algunos sectores rurales, moverse sigue siendo una aventura más que una actividad económica.
La provincia que aporta tanto a la producción nacional —con agricultura, pesca, industria y turismo— debería tener carreteras que estén a la altura de su esfuerzo. Un contenedor con productos que tarda horas en salir de un cantón por culpa de baches o derrumbes pierde competitividad. Un turista que llega desde Guayaquil o Quito y se encuentra con una vía llena de huecos difícilmente regresará. Una ambulancia que no puede avanzar por falta de mantenimiento vial puede convertir un percance en tragedia.
La conectividad es desarrollo. Cada kilómetro asfaltado significa más flujo comercial, más visitantes, más empleo. En Manabí, las carreteras hacia los balnearios, los parques naturales y las zonas agroindustriales deberían ser tratadas como corredores económicos prioritarios, no como obras secundarias que se arreglan “cuando haya presupuesto”.
El Gobierno Nacional y los municipios deben entender que invertir en infraestructura vial no es un gasto, sino una política productiva. Cada dólar destinado a mantenimiento y ampliación de vías genera retornos en turismo, agricultura, transporte y servicios. No se trata de inaugurar carreteras cada campaña electoral, sino de mantenerlas útiles todo el año.