Ecuador enfrenta en 2025 un doble desafío: mejorar su productividad agrícola y garantizar la seguridad alimentaria, según el estudio Agricultural Productivity in Latin America and the Caribbean: What We Know and Where We Are Heading (Productividad agrícola en América Latina y el Caribe: lo que sabemos y hacia dónde nos dirigimos), publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
El documento, que analiza datos de 23 provincias ecuatorianas entre 2013 y 2023 con 230 observaciones, revisa la evolución de la productividad total de los factores (PTF) en los principales cultivos anuales y su relación con pobreza rural, uso de insumos y presión ambiental.
Ecuador, entre la inseguridad alimentaria y la presión sobre el campo
El BID advierte que Ecuador ha visto crecer la inseguridad alimentaria en los últimos años. En 2022, un 36,9 % de la población, es decir 6,6 millones de personas, experimentó algún grado de inseguridad alimentaria, frente al 20 % registrado en 2015, de acuerdo con datos de la FAO citados en el informe.
Además, un 25,9 % de los habitantes —unos 4,6 millones de personas— no puede costear una dieta saludable, lo que vincula de forma directa el desempeño del sector agropecuario con la nutrición de los hogares más vulnerables.
A escala regional, el documento recuerda que en 2024 cerca del 28 % de la población de América Latina y el Caribe sufrió inseguridad alimentaria y un 27 % no pudo acceder a una dieta sana, cifras que muestran la magnitud del reto también para Ecuador.
Productividad agrícola: más insumos, menos impulso estructural
El capítulo dedicado a Ecuador señala que, tras varios años de buen desempeño, el sector agrícola “ha perdido dinamismo”, con efectos visibles en pobreza, empleo y vulnerabilidad ante choques climáticos en las zonas rurales.
En la última década, 63 % del crecimiento del producto agrícola provino del mayor uso de insumos —tierra, trabajo, fertilizantes y otros recursos— y no de mejoras de eficiencia, lo que puede derivar en impactos negativos sobre el ambiente y la salud pública si no se corrige el patrón de crecimiento.
El estudio subraya que una productividad agrícola más alta es clave para reducir la dependencia del país de los ingresos petroleros, aliviar la presión sobre los bosques y responder a la creciente demanda de alimentos de una población urbana en expansión.
Peso del agro en empleo y economía
En el conjunto de América Latina y el Caribe, la agricultura, la silvicultura y la pesca representan en promedio un 12,6 % del empleo total. En Ecuador, el sector figura entre los países donde la participación agrícola en el empleo es más alta, de acuerdo con los indicadores compilados en el informe a partir de datos del Banco Mundial.
El documento muestra que la combinación de alto peso en el empleo y rezagos en productividad agrícola mantiene a amplios segmentos rurales en condiciones de pobreza y subempleo, lo que refuerza la necesidad de políticas que aumenten la eficiencia sin expandir la frontera agrícola.
Retos estructurales para la política pública
El BID identifica varios elementos que vuelven prioritaria la agenda de productividad agrícola en Ecuador:
La pérdida de dinamismo del sector y el aumento de pobreza y desempleo rurales.
La coexistencia de zonas de alta biodiversidad con áreas agrícolas de gran potencial, lo que genera tensiones entre conservación y producción.
El uso intensivo de insumos como principal motor del crecimiento reciente del agro.
El capítulo señala que promover una productividad más sostenible es imprescindible para prevenir conflictos sociales, proteger ecosistemas frágiles y compatibilizar la expansión agrícola con políticas de conservación.
Evidencia para diseñar políticas en Ecuador
Para responder a estos desafíos, el estudio plantea como objetivo central medir la tasa de crecimiento de la PTF en los cultivos anuales de Ecuador y descomponer los factores que la explican. Entre las preguntas guía están el peso de los distintos componentes de la productividad, la relación entre variables socioeconómicas y niveles de desempeño, y las implicaciones de política derivadas de estos resultados.
Los autores destacan que cuantificar la evolución de la productividad agrícola es clave para diseñar estrategias de desarrollo rural, seguridad alimentaria y adaptación al cambio climático, en un contexto en el que la agricultura sigue siendo un empleador clave y un soporte para millones de hogares.
El informe fue elaborado por especialistas de la División de Agricultura y Desarrollo Rural del BID, con base en información oficial y académica reciente, y forma parte de una serie de estudios de país que incluyen también a México, Colombia, Brasil, Perú, Bolivia, Paraguay, Argentina y Uruguay.
Ecuador y la agenda de productividad agrícola sostenible
La publicación concluye que mejorar la productividad agrícola en Ecuador no solo es un objetivo económico, sino también social y ambiental. Una agricultura más eficiente puede contribuir a reducir la inseguridad alimentaria que hoy afecta a más de 6 millones de personas, aliviar la pobreza rural y disminuir la presión sobre los recursos naturales.
En paralelo, el BID plantea que las políticas públicas deben orientarse a elevar la eficiencia en el uso de insumos, fortalecer la resiliencia frente a eventos climáticos extremos y facilitar inversiones que permitan a los productores adoptar tecnologías más productivas y menos contaminantes.