La agricultura es el eje que impulsa la economía familiar de las siete comunas de la nacionalidad Tsáchila, en Santo Domingo. Más de 8.300 hectáreas de tierra ancestral están registradas a nombre de esta etnia, de las cuales el 40% está destinado a cultivos productivos, especialmente de cacao, plátano, yuca y papaya.

Los tsáchilas y la economía local y regional

Esta producción, aunque localizada en comunidades rurales, se conecta cada semana con la economía local y regional, gracias a un sistema de comercialización basado en centros de acopio y en la presencia de intermediarios agrícolas que llegan directamente a las fincas para comprar los productos en camiones.

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Cada semana, los productores sacan sus cargas para cumplir con su calendario de ventas.

Ricardo Calazacón, productor de la comuna Peripa, cuenta que desde el jueves comienzan a seleccionar y preparar los productos para que estén listos el fin de semana, cuando el comercio agrícola es más activo. “Vendo entre 40 y 50 racimos de verde, a veces más si la cosecha ha sido buena. Cada racimo puede costar desde un dólar si es pequeño, hasta siete si es grande y maqueño”, explica. Se refiere a los tiempos prósperos de la producción de plátano, que hoy escasea y cuyo costo está elevado.

La papaya se suma a los cultivos de los tsáchilas

A esto se suma la venta de papaya, que se comercializa a un dólar por fruta grande, y del cacao, cuyo precio actual oscila entre $200 y $210 por quintal.

Los tsáchilas han mantenido una economía agrícola tradicional desde hace siglos. Según el Archivo de Lenguas y Culturas del Ecuador de Flacso, hasta mediados del siglo XX, su modelo económico se basaba en la agricultura itinerante, complementada con la caza, la pesca y la recolección. Su vinculación al mercado era muy limitada, y las familias vivían dispersas en el bosque, organizadas en torno a núcleos familiares extensos.

Hoy, aunque la integración al mercado agrícola ha crecido, la forma de producción y comercialización conserva una esencia comunitaria. En total, unas 230 personas están vinculadas de manera directa e indirecta a esta actividad agroproductiva en las comunas El Poste, Chigüilpe, Los Naranjos, Peripa, Otongo Mapalí, Cóngoma Grande y Colorados del Búa.

El cacao tsáchila, un producto cotizado

Mateo Calazacón, gobernador de la nacionalidad Tsáchila, reconoce que el acceso a la tierra es uno de los factores que ha permitido que las familias se mantengan en la producción agrícola sostenible. “Somos afortunados de tener territorio, pero también necesitamos fortalecer la cadena de comercialización agrícola para que el productor obtenga mayores ingresos”.

El cacao tsáchila es uno de los productos más cotizados. Los agricultores lo procesan de manera tradicional: lo dejan fermentar tres días y luego lo secan al sol durante un día. Así lo entregan a las agroexportadoras locales que operan cerca de las comunas. Este sistema, aunque artesanal, ha sido reconocido por los compradores como una forma de preservar las propiedades originales del grano de cacao.

Alta demanda en el mercado

Marco Calazacón, quien administra el centro de acopio Abraham Calazacón, afirma que el cacao tsáchila tiene alta demanda en el mercado, pero aún falta mejorar el acceso a crédito agrícola, tecnología y transporte. “Muchos productores deben vender rápido porque no tienen cómo almacenar ni trasladar sus productos a otros mercados. Los camiones llegan, compran y se llevan el producto a su precio”, señala.

Pese a estos retos, la producción agrícola tsáchila no se detiene. Cada semana, los productores sacan sus cargas para cumplir con su calendario de ventas. El sábado y el domingo son días clave de comercialización, cuando comerciantes mayoristas e intermediarios llegan a cerrar tratos directamente en las comunas.

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El sábado y el domingo son días clave de comercialización, cuando comerciantes mayoristas

La siembra y venta de plátano dominico y maqueño, papaya y cacao constituyen el ingreso principal de las familias tsáchilas. De esta forma, sostienen la educación de sus hijos, el acceso a alimentos complementarios y la preservación de sus costumbres ancestrales.

A futuro, los líderes tsáchilas ven la necesidad de organizar ferias interculturales, centros de transformación de cacao y plátano, y proyectos de valor agregado que permitan mayor rentabilidad para sus productos. También apuestan por alianzas con instituciones públicas y privadas que puedan apoyar la sostenibilidad económica de las comunas (21).

“La tierra para nosotros es vida, es cultura, es historia. Pero también debe ser dignidad. Y eso se logra cuando producimos y obtenemos un ingreso justo por nuestro trabajo”, señala el gobernador Mateo Calazacón.