La estabilidad de los flujos comerciales entre Ecuador y Colombia atraviesa un escenario de alta incertidumbre este 22 de enero de 2026. La reciente implementación de una tasa arancelaria por parte del gobierno ecuatoriano a los productos provenientes del vecino país ha fracturado el clima de cooperación regional. Como respuesta inmediata, Bogotá ha endurecido su postura diplomática y ha procedido a la suspensión del suministro eléctrico, una medida que impacta directamente en la seguridad energética de Ecuador. Este cruce de decisiones unilaterales ha generado una alerta institucional en ambos lados de la frontera, donde los gremios productivos temen una parálisis en el intercambio de bienes esenciales.
El conflicto actual pone en riesgo años de integración fronteriza y compromisos adquiridos en marcos multilaterales. La decisión de Colombia de negarse a vender energía eléctrica ocurre en un momento de vulnerabilidad para el sistema interconectado ecuatoriano, exacerbando la posibilidad de racionamientos programados. Para la industria nacional, el encarecimiento de los insumos colombianos y la falta de energía configuran un escenario de pérdida de competitividad inminente. La resolución de este impasse requiere de una intervención técnica de alto nivel que logre separar las agendas políticas de las necesidades vitales del comercio binacional que sostiene a miles de hogares.
Colombia se ratifica como el quinto destino exportador
A pesar de la fricción diplomática, los datos del Boletín de Comercio Exterior de enero 2026 posicionan a Colombia como el quinto destino principal de las exportaciones no petroleras ecuatorianas. Con un valor acumulado de USD 792 millones, el mercado colombiano solo es superado por la Unión Europea, Estados Unidos, China y Rusia. Esta cuota de mercado representa el 5,6% del total de las ventas externas no petroleras de Ecuador, subrayando la relevancia estratégica de mantener las fronteras abiertas y libres de gravámenes excesivos que puedan desincentivar la compra de productos nacionales por parte de los consumidores del vecino país.
En términos de volumen y variedad, la oferta exportable hacia Colombia está liderada por sectores con alto valor agregado. Los enlatados de pescado se mantienen como el rubro más representativo, seguidos de cerca por las manufacturas de metales y los concentrados de plomo y cobre. Estas transacciones no solo inyectan divisas a la economía, sino que fomentan una logística especializada en los pasos de Rumichaca y San Miguel. La paralización o el encarecimiento de este flujo afectaría directamente al sector agroindustrial, el cual ha encontrado en el mercado colombiano un aliado natural para la expansión de su capacidad productiva durante el último trienio.
El peso de las importaciones colombianas en Ecuador
La importancia de la relación entre Ecuador y Colombia se refleja con mayor fuerza en el rubro de las adquisiciones externas. Durante el periodo de enero a noviembre de 2025, las importaciones provenientes de Colombia sumaron un total de USD 1.707 millones, posicionando al país vecino como uno de los tres principales orígenes de productos para el mercado ecuatoriano. Si bien estas cifras muestran una variación anual negativa del 8,5% en comparación con el año anterior, Colombia sigue siendo un proveedor estratégico de bienes terminados y materias primas esenciales que no se producen localmente o cuya producción es insuficiente para cubrir la demanda nacional.
Al analizar qué productos ingresan desde Colombia, destacan los insumos medicinales y farmacéuticos, los cuales son críticos para el abastecimiento de la red de salud pública y privada. Asimismo, la importación de automóviles livianos y maquinaria industrial con sus partes constituye un pilar para el sector transporte y la infraestructura en Ecuador. Esta balanza deficitaria para Quito, con una brecha de casi mil millones de dólares respecto a las exportaciones, evidencia que cualquier restricción impositiva aplicada por Ecuador podría generar un efecto inflacionario en productos de consumo masivo y bienes de capital, encareciendo el costo de vida y la inversión productiva en el territorio.
El Acuerdo de Cartagena como pilar de la integración
La base normativa que sustenta el intercambio entre Ecuador y Colombia es el Acuerdo de Cartagena, el cual dio vida a la Comunidad Andina (CAN). Este tratado internacional establece que los países miembros deben trabajar hacia un desarrollo armónico y equilibrado mediante la integración económica. Para la economía de ambos países, la CAN es el organismo que garantiza la seguridad jurídica necesaria para realizar transacciones bajo principios de equidad. El acuerdo busca acelerar el crecimiento y la generación de empleo, facilitando la participación de las naciones en un mercado común que reduzca la vulnerabilidad externa de la subregión.
La importancia de este acuerdo radica en que establece un trato preferencial que elimina los aranceles para la mayoría de los productos originarios de la zona andina. Para Ecuador y Colombia, el cumplimiento de lo pactado en Cartagena no es opcional, sino un mandato para fortalecer la solidaridad subregional y disminuir las diferencias de desarrollo. La actual imposición de una tasa por parte de Ecuador podría ser interpretada como una contravención a la normativa regional, lo que otorga a Colombia argumentos legales para elevar la queja ante el Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina. La preservación de este marco legal es vital para evitar una guerra comercial abierta.
Consecuencias de la negativa energética
La decisión de Colombia de negarse a vender energía eléctrica a Ecuador este 22 de enero de 2026 ha desatado una crisis de abastecimiento interno. Ecuador, que enfrenta un estiaje prolongado en sus cuencas amazónicas, dependía de los excedentes colombianos para evitar los cortes de luz en el sector residencial e industrial. Sin este flujo, el costo operativo de las empresas se eleva al tener que recurrir a la generación térmica, lo que impacta negativamente en el clima de negocios. Esta situación demuestra que la interdependencia entre Ecuador y Colombia trasciende el intercambio de mercancías físicas y alcanza sectores vitales de la infraestructura estatal.
La resolución de este conflicto bilateral dependerá de la voluntad política para retomar el diálogo diplomático sin condiciones previas. Es urgente que se establezca una hoja de ruta que permita revisar la tasa impositiva ecuatoriana a cambio del restablecimiento del flujo eléctrico colombiano. Los USD 1.707 millones en importaciones y los USD 792 millones en exportaciones son cifras demasiado altas como para dejarlas al azar de una disputa política. El bienestar de los habitantes de la subregión depende de que Ecuador y Colombia vuelvan a la senda del entendimiento, priorizando la estabilidad económica y la paz comercial que exige el desarrollo andino en este 2026.