En Ecuador, el comercio retail —la venta directa de productos de consumo masivo al cliente final— atraviesa una etapa de fuerte reconfiguración, marcada por la competencia entre grandes grupos empresariales que apuestan por formatos de tiendas de descuento y de cercanía.

La cadena TuTi, del Grupo El Rosado, abrió el camino con una expansión agresiva basada en precios bajos y locales pequeños ubicados en barrios populares. A este modelo se sumaron Tía Go, de Almacenes Tía, y, más recientemente, B-Sí, la nueva apuesta de Corporación Favorita, propietaria de Supermaxi. Todas estas cadenas, con distintos matices, compiten por el mismo consumidor: hogares que buscan ahorro, cercanía y compras rápidas.

Este movimiento no solo refleja una disputa entre grandes jugadores, sino también la búsqueda de nuevos mercados dentro del propio país. Las grandes cadenas bajan de escala para instalarse en zonas residenciales, donde históricamente dominaban las tiendas de barrio.

El economista Walter Andrade Castro analiza cómo cambia esta dinámica comercial: por un lado, se generan empleos formales y se amplía el acceso a productos más económicos; por otro, se produce una migración de consumidores que afecta a las pequeñas tiendas.

¿Cómo afectan los nuevos formatos a las tiendas locales?

Las primeras víctimas de esta guerra comercial serán, indudablemente, aquellos negocios que no poseen un sólido músculo financiero. Sin embargo, en un régimen de libre mercado y libre competencia, con una moneda estable como el dólar —e incluso sin ella—, este tipo de "guerras" son habituales. Además, pueden ocurrir fenómenos similares en varios sectores. De una u otra manera, los actores del mercado deben prepararse para "librar estas batallas".

¿Qué alternativas tienen las tiendas locales para enfrentar esta nueva competencia?

Es difícil establecer una única respuesta. No obstante, resulta evidente que los dueños de los negocios afectados por estos nuevos formatos deben replantear su forma de vender y de abastecerse. Deben analizar qué pueden ofrecer a sus clientes habituales para evitar que migren a la competencia.

Entre las opciones están fortalecer la cercanía con los consumidores, ofrecer productos locales o tradicionales que no suelen exhibirse en los nuevos formatos y, eventualmente, asociarse con otros negocios para comprar en volumen, aunque esto resulta complejo, ya que las grandes cadenas siempre tendrán mayor capacidad de compra. La clave, en todo caso, será establecer elementos diferenciadores que permitan al consumidor preferirlos.

¿Cómo afectan estos formatos de negocio a la economía local y al consumidor?

Sin lugar a dudas, la economía local puede verse afectada, porque cuando desaparece el pequeño o mediano negocio también se pierde una fuente de ingresos que, por lo general, se recicla dentro de la ciudad. En cambio, los nuevos formatos, al ser extensiones de grandes cadenas, trasladan gran parte de las utilidades generadas hacia otros mercados.

Lo cierto es que, en estas guerras de precios, el consumidor final termina siendo el gran beneficiario, siempre que el proceso se desarrolle dentro del marco de las leyes y reglas del mercado.