Las deudas forman parte de la vida financiera de millones de hogares, pero no todas tienen el mismo impacto en la estabilidad económica. El economista Ricardo Menéndez señala  que identificar correctamente los tipos de deuda permite reducir riesgos, mejorar la planificación del presupuesto y evitar el sobreendeudamiento.

"El problema surge cuando no se distingue entre deudas que generan valor y aquellas que solo incrementan el gasto", explica el especialista. 

Diferenciar la deuda es clave para la salud financiera

El análisis entre deudas buenas y deudas malas se centra en el uso del dinero, el plazo y el impacto futuro. No se trata únicamente del monto, sino del beneficio económico o social que produce la obligación adquirida, manifiesta Menéndez. 

Comprender esta diferencia permite a los hogares tomar decisiones más informadas, priorizar pagos y evitar comprometer recursos destinados a necesidades básicas como alimentación, salud o educación.

Qué se entiende por deuda buena

Las deudas buenas son aquellas que contribuyen al crecimiento económico o al bienestar a largo plazo. "Generalmente están asociadas a inversión, generación de ingresos o adquisición de activos duraderos que mantienen o aumentan su valor", dice.

Entre los ejemplos más comunes se encuentran los créditos educativos, orientados a formación profesional o técnica, y los préstamos hipotecarios destinados a la compra de vivienda. También se incluyen créditos productivos utilizados para iniciar o fortalecer emprendimientos formales.

Características de una deuda considerada saludable

Este tipo de deuda suele contar con tasas de interés más bajas, plazos amplios y condiciones claras. Además, se respalda en una capacidad real de pago, lo que evita atrasos y protege el historial crediticio.

Organismos especializados recomiendan que el pago total de deudas no supere entre el 30% y 40 % del ingreso mensual, aunque este porcentaje depende de la estabilidad laboral y del número de obligaciones vigentes.

Qué se considera una deuda mala

Las deudas malas son aquellas destinadas al consumo inmediato y que no generan retorno económico. "Suelen utilizarse para cubrir gastos corrientes, compras impulsivas o emergencias sin planificación previa", expresa el especialista.

El uso frecuente de tarjetas de crédito para gastos diarios, avances de efectivo o préstamos informales con intereses elevados son ejemplos habituales. Estas deudas incrementan rápidamente el monto a pagar debido a cargos financieros y comisiones.

Riesgos asociados a este tipo de endeudamiento

Cuando las deudas de consumo se acumulan, pueden provocar atrasos en los pagos, afectar el historial crediticio y reducir el acceso a financiamiento futuro. Además, presionan el presupuesto mensual y limitan la capacidad de ahorro.

Datos del sistema financiero indican que las deudas de corto plazo con altas tasas de interés son una de las principales causas de sobreendeudamiento en los hogares.

Impacto directo en la economía familiar

La diferencia entre una deuda buena y una deuda mala se refleja en la estabilidad económica del hogar. Mientras unas permiten planificar y crecer, las otras generan estrés financiero y reducen el margen de maniobra ante imprevistos, indica.

Un manejo inadecuado del crédito puede derivar en reestructuraciones forzadas, mora prolongada y dificultades para acceder a nuevos productos financieros.

Evaluar antes de asumir un compromiso financiero

Por ello, Menéndez recomienda analizar el propósito del crédito, comparar tasas de interés, revisar plazos y calcular la cuota mensual antes de asumir una deuda. Contar con un presupuesto claro es fundamental para evaluar su viabilidad.

Diferenciar entre deudas buenas y deudas malas no implica evitar el crédito, sino utilizarlo de forma responsable. Esta distinción es una herramienta clave para fortalecer la educación financiera, proteger la economía familiar y tomar decisiones económicas informadas.