La inteligencia artificial dejó de ser una promesa tecnológica. En el Foro Económico Mundial de Davos, líderes políticos, empresariales y financieros coincidieron en que su impacto será profundo, desigual y acelerado.
En ese escenario, las advertencias sobre el futuro del empleo se mezclaron con anuncios sobre avances tecnológicos que hasta hace pocos años parecían ciencia ficción. El debate giró en torno a una pregunta central: cómo adaptarse sin dejar atrás a millones de trabajadores.
La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, advirtió que los jóvenes serán el grupo más golpeado cuando la inteligencia artificial impacte con fuerza en el mercado laboral. Sus declaraciones marcaron el tono de una discusión que atravesó todo el foro.
Jóvenes en la primera línea del impacto
Georgieva sostuvo que cerca del 60 % de los empleos en las economías avanzadas se verá afectado por la inteligencia artificial, según estudios citados durante su intervención en Davos. Muchos de esos puestos corresponden a trabajos iniciales, ocupados por jóvenes que recién ingresan al mercado laboral.
La dirigente del FMI señaló que varios de esos empleos desaparecerán por completo, mientras otros serán transformados de manera radical. Incluso los puestos que no sean reemplazados directamente enfrentarán presiones, especialmente en sus salarios, si no incorporan el uso productivo de la tecnología.
En Estados Unidos, ya se observan señales de este fenómeno, con un aumento del desempleo entre jóvenes de 16 a 24 años. Esa tasa duplica la media general y comienza a crecer incluso entre graduados universitarios con títulos tradicionalmente demandados.
Advertencias desde el mundo financiero
La preocupación fue compartida por Larry Fink, presidente del fondo de inversión BlackRock y copresidente del Foro de Davos. Fink afirmó que la inteligencia artificial podría tener sobre los trabajadores de oficina un efecto similar al que la globalización tuvo sobre los trabajadores manuales.
El ejecutivo rechazó la idea de que el problema se resolverá con la creación de nuevos empleos en el futuro, como ocurrió en otras revoluciones tecnológicas. Calificó esa respuesta como abstracta y pidió diseñar desde ahora mecanismos de redistribución de las ganancias generadas por la economía digital.
Fink también advirtió que la expansión de la inteligencia artificial podría profundizar las desigualdades sociales y debilitar a la clase media. Según su análisis, los errores del sistema económico posterior a la Segunda Guerra Mundial podrían repetirse en esta nueva etapa tecnológica.
Robots humanoides y una nueva era laboral
Mientras se discutían los riesgos, Davos también fue escenario de anuncios que evidencian la velocidad del cambio tecnológico. Elon Musk afirmó que Tesla comenzará a comercializar robots humanoides Optimus a partir de 2027, con precios inferiores a los de un automóvil.
El empresario aseguró que estos robots ya realizan tareas simples en fábricas y que en 2026 podrán ejecutar labores más complejas. Según Musk, su llegada masiva podría provocar una expansión económica sin precedentes, al aumentar la productividad global.
Otros líderes tecnológicos compartieron visiones distintas sobre el futuro. Satya Nadella, CEO de Microsoft, advirtió que el despliegue de la inteligencia artificial será desigual, condicionado por el acceso a capital e infraestructura, mientras Demis Hassabis, de DeepMind, destacó la posibilidad de crear empleos más significativos.
Un desafío que ya es presente
En Davos, la inteligencia artificial desplazó a temas tradicionales como la geopolítica y el comercio, convirtiéndose en el eje del debate global. Los líderes coincidieron en que el dilema ya no es si adoptarla, sino cómo hacerlo sin ampliar las brechas sociales y económicas.
Algunos expertos estiman que la inteligencia artificial podría igualar o superar las capacidades humanas en apenas cinco años, lo que pondría en riesgo millones de empleos, incluso de alta calificación. Al mismo tiempo, gigantes tecnológicos como Google, Amazon y Meta anunciaron inversiones millonarias en infraestructura y centros de datos.
Sin embargo, también surgieron advertencias sobre una posible burbuja tecnológica, impulsada por el crecimiento acelerado de servidores y la enorme demanda energética. En ese contexto, Davos dejó un mensaje claro: el futuro del trabajo ya comenzó, pero su rumbo aún está en disputa.