Por un momento, muchos lo creyeron real. Ahí estaban: monigotes gigantes del Año Viejo, plantados en las calles de Queens, Nueva York, bajo el metro elevado, observados por transeúntes curiosos. Cartón, color, sátira ecuatoriana en pleno Nueva York. Pero no. Nada ardía, nada ocupaba físicamente el asfalto. El video era una creación de inteligencia artificial.
Y, sin embargo, dolía igual. O alegraba igual. La fuerza de la imagen superó la realidad técnica del montaje. “Vi ese video viral por todas partes. Pensé que era verídico, pues los monigotes se miran muy perfectos”, comentó el quiteño Andrés Artunduaga, desde Orlando, Florida.
El material, que se viralizó rápidamente en redes sociales, mostraba versiones hiperrealistas de los tradicionales “años viejos” ecuatorianos integrados al paisaje neoyorquino. Entre los personajes recreados aparecían figuras reconocibles de la cultura popular contemporánea, como el peleador ecuatoriano de la UFC Michael Morales, convertido en monigote monumental, observado con asombro por peatones digitales que parecían no cuestionar su presencia.
Nostalgia en Nueva York
La aclaración llegó después, cuando varios usuarios señalaron lo evidente para el ojo entrenado: sombras demasiado perfectas, movimientos improbables, multitudes que no reaccionan como reaccionaría Nueva York ante algo así. No era una intervención cultural real, sino una simulación. Un ejercicio de IA. Un escenario imposible... y justamente por eso potente.
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La lectura inmediata fue la nostalgia. Para miles de ecuatorianos dentro y fuera del país, el video funcionó como un espejo emocional: así nos gustaría que fuera. Ver la tradición del Año Viejo —esa mezcla de burla, catarsis y despedida— instalada en el corazón migrante de New York, aunque fuera digitalmente, activó una memoria colectiva que no necesita permisos ni fuego real.
Pero hay otra capa, menos obvia y quizá más reveladora: el desarraigo. El hecho de que la escena solo pueda existir mediante inteligencia artificial dice mucho. La tradición no está ahí, en Queens, porque no puede estarlo. Las normas, el clima, la vida migrante, la vigilancia. Entonces aparece la tecnología como atajo simbólico: si no puedo volver, si no puedo traerlo, lo recreo.
La IA no solo generó un video; rellenó una ausencia en los ecuatorianos que viven en Nueva York
También hay una tercera lectura, más contemporánea: la cultura ya no solo migra con las personas, migra con los algoritmos. Lo que antes se armaba con cartón y engrudo, hoy puede modelarse con prompts y software. No reemplaza al ritual real, pero lo mantiene circulando, visible, compartible. La tradición del Año Viejo, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial del Ecuador, entra así en un nuevo territorio: el de la memoria digital.
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Que los monigotes no hayan estado físicamente en Queens no les quita sentido. Al contrario. Refuerza la idea de que la identidad migrante vive entre lo que fue y lo que se imagina, entre lo que se recuerda y lo que se desea volver a ver. Aunque sea en una pantalla.
Al final, el video no mostró lo que pasó, sino lo que muchos quisieran que pase: que Ecuador, aunque sea por unos segundos, vuelva a aparecer en la esquina menos pensada de la ciudad más grande del mundo. Aunque sea generado por inteligencia artificial. Aunque arda solo en la nostalgia. (04)