El proceso ATOD, creado por Miranda Wang y Jeanny Yao, fue implementado desde 2015 en laboratorios de Canadá y Estados Unidos para responder a por qué el reciclaje convencional no logra gestionar los millones de toneladas de plástico que se producen cada año en el mundo.
Una producción global que desafía los límites
Cada año, el mundo fabrica alrededor de 460 millones de toneladas de plástico, una cifra que equivale al peso aproximado de 930 edificios como el Empire State Building. Aunque su vida útil es corta, su degradación tarda décadas o incluso siglos. Solo el 10% del total producido llega a reciclarse, mientras que el resto se acumula en ecosistemas terrestres y marinos. Proyecciones citadas por la periodista Eva van den Berg en National Geographic advierten que, si la tendencia continúa, para 2050 podría haber más plástico que peces en los océanos.
Para la bióloga molecular Miranda Wang, de 31 años, la preocupación es urgente: los contaminantes plásticos ya están presentes en la cadena alimentaria y también en el cuerpo humano, incluidos el sistema digestivo y el cerebro. «La gestión de los residuos plásticos es un problema global de primer orden que nuestra generación debe resolver», afirma.
Consumo y acumulación creciente
En España, el consumo anual de plástico ronda los 13,6 millones de toneladas, con 1,1 millones correspondientes a productos de un solo uso. Esto equivale a 22,7 kilos anuales por persona en artículos desechables. En Estados Unidos, el volumen es mayor y continúa creciendo. Tras la prohibición china de importar residuos plásticos en 2018, los vertederos estadounidenses comenzaron a acumular cerca de 30.000 toneladas al mes, según datos citados por la investigadora.
El origen del proyecto
Wang creció rodeada de naturaleza y se involucró desde muy joven en actividades de reciclaje. Allí conoció a Jeanny Yao, quien más tarde sería su socia. Una visita a una planta de residuos en Vancouver marcó el inicio de su vocación: descubrir cómo transformar desechos en materias primas útiles, señala el artículo de National Geographic.
Durante su etapa universitaria, ambas consiguieron un espacio de investigación en la Universidad de la Columbia Británica. Allí analizaron dos bacterias halladas en el río Fraser capaces de descomponer compuestos presentes en el plástico. El hallazgo les permitió deducir que era posible replicar ese proceso de forma acelerada mediante métodos químicos controlados en laboratorio.
De la investigación a la empresa
En 2015, Wang y Yao comenzaron la recaudación de fondos para crear una plataforma tecnológica que permitiera aplicar sus hallazgos a escala industrial. Entre 2015 y 2019 lograron reunir 3,5 millones de dólares, destinados a la fundación de BioCellection, semilla de la actual Novoloop, ubicada en Silicon Valley.
Implementación de la tecnología ATOD
Ese mismo año, desarrollaron el proceso ATOD (Accelerated Thermal Oxidative Decomposition), un sistema químico de bajas emisiones diseñado para realizar upcycling o suprarreciclaje. Este proceso transforma polietileno de baja calidad, como bolsas sucias o envases de un solo uso, en compuestos químicos de alto valor industrial. Estos materiales se usan en la fabricación de espuma viscoelástica, aislantes, electrónica y polímeros especializados.
Según Wang, el plástico no es nocivo por naturaleza; el problema reside en que se produce a partir de combustibles fósiles, cuya extracción genera un impacto ambiental considerable. ATOD ofrece una alternativa: recuperar recursos valiosos con menores emisiones que las derivadas de la producción basada en petróleo o de la incineración en vertederos.
Reconocimiento y expansión
En 2019, esta innovación obtuvo el Premio Rolex, otorgado por la Iniciativa Perpetual Planet. El reconocimiento permitió avanzar en la optimización del proceso y abrir nuevas posibilidades de desarrollo industrial. Para Wang, el premio brindó acceso a una comunidad de investigadores, exploradores y emprendedores comprometidos con soluciones ambientales globales.
Planta piloto en India
En 2024, gracias al apoyo de la iniciativa, Novoloop inauguró una planta experimental en Surat, India, destinada a convertir residuos de polietileno en elementos químicos reutilizables. La planta opera de forma automatizada, procesando residuos durante las 24 horas del día.
Los productos obtenidos se exportan a China, donde se incorporan como materia prima para la fabricación de materiales intermedios de poliuretano, utilizados en artículos como calzado deportivo.
Proyección para la economía circular
El éxito de la planta piloto permitió diseñar un plan de expansión global. Para 2030, la empresa estima que podrá reconvertir hasta 175.000 toneladas de residuos plásticos, con una reducción asociada de 800.000 toneladas de CO₂ al año.
Wang señala que, con tecnologías como ATOD, podría recuperarse alrededor del 25% del polietileno generado. No obstante, advierte que para superar esa cifra será necesaria una mayor inversión en infraestructura y en innovación. Además de las soluciones tecnológicas, insiste en la importancia de reducir el consumo de plásticos de un solo uso y promover un cambio cultural hacia productos más duraderos.
La científica recuerda una frase del oceanógrafo Charles J. Moore, quien alertó sobre la Gran Mancha de Basura del Pacífico: «Solo los seres humanos generamos residuos que la naturaleza no puede digerir». El trabajo de Novoloop busca precisamente revertir esa tendencia. (10).