El interés del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por Groenlandia reactivó en 2026 un debate geopolítico que involucra a Dinamarca, a las autoridades locales de la isla y a aliados europeos, debido al valor estratégico del territorio en el Ártico, su importancia para la seguridad nacional estadounidense y su potencial en minerales considerados críticos.
Groenlandia es la isla más grande del mundo, con una superficie de más de 2,1 millones de kilómetros cuadrados, aunque gran parte de su territorio permanece cubierto por hielo. A pesar de su enorme tamaño, su población apenas supera los 56.000 habitantes, concentrados en pequeñas ciudades costeras como Nuuk, la capital.
Durante décadas, Groenlandia fue vista principalmente como un territorio remoto, clave para estudios climáticos y con una economía basada en la pesca. Sin embargo, el contexto internacional ha cambiado y la isla se ha convertido en una pieza altamente codiciada en el tablero geopolítico global.
¿Por qué Groenlandia pertenece a Dinamarca?
La relación entre Groenlandia y Dinamarca tiene raíces históricas profundas. La isla estuvo bajo dominio noruego desde el siglo XIII y, posteriormente, pasó a formar parte de la Corona danesa. En el siglo XX, su soberanía fue ratificada jurídicamente y, en 1953, Groenlandia fue integrada formalmente al Reino de Dinamarca.
Ese estatus evolucionó con el tiempo. En 1979, Groenlandia obtuvo un régimen de autonomía y, en 2009, amplió sus competencias de autogobierno tras un referéndum. No obstante, asuntos como la defensa, la política exterior y la moneda continúan bajo responsabilidad de Copenhague.
Este marco explica por qué Dinamarca insiste en que Groenlandia no está en venta, y por qué cualquier cambio de estatus requiere el consentimiento del pueblo groenlandés.
La ubicación que despierta el interés de Washington
Uno de los principales motivos por los que Groenlandia es tan apetecida es su ubicación geográfica. La isla se encuentra entre América del Norte y Europa, en pleno acceso al Ártico, una región que ha ganado relevancia estratégica por el aumento del tráfico marítimo y las tensiones entre potencias.
Desde el punto de vista militar, Groenlandia permite vigilar rutas aéreas y marítimas clave, además de servir como plataforma para sistemas de alerta temprana frente a misiles. Estados Unidos mantiene desde hace décadas presencia militar en el norte de la isla, lo que refuerza su interés por asegurar un acceso permanente y ampliado.
Para la administración Trump, este territorio es visto como una barrera estratégica frente a la creciente actividad de Rusia y China en el Ártico, argumento que ha sido reiterado en declaraciones públicas.
Minerales críticos: la otra gran razón de querer Groenlandia
Más allá de la seguridad, Groenlandia concentra atención por su potencial minero. Estudios geológicos han identificado la presencia de minerales considerados críticos para la industria tecnológica y energética, entre ellos tierras raras, hierro, zinc y otros metales estratégicos.
Las tierras raras son fundamentales para la fabricación de dispositivos electrónicos, energías renovables y tecnología militar. En un contexto de competencia global por asegurar cadenas de suministro, Groenlandia aparece como una alternativa atractiva frente a la dependencia de otros mercados.
Aunque la explotación minera en la isla sigue siendo limitada y enfrenta desafíos ambientales y logísticos, el simple potencial convierte a Groenlandia en un territorio altamente codiciado por las grandes potencias.
El discurso de Trump y la reacción internacional
Donald Trump ha sostenido, tanto en su primer mandato como en el actual, que Estados Unidos "necesita" Groenlandia por razones de seguridad nacional. En varias ocasiones ha planteado incluso la posibilidad de adquirirla, lo que provocó rechazo inmediato tanto en Dinamarca como en Groenlandia.
Las autoridades groenlandesas han reiterado que su territorio no está en venta y que cualquier decisión sobre su futuro corresponde a su población. Dinamarca, por su parte, ha respaldado esa posición y ha advertido que la soberanía del territorio no es negociable.
Las declaraciones de Trump también generaron inquietud entre aliados europeos, que ven en este pulso un riesgo para la estabilidad de la OTAN y las relaciones transatlánticas.
Un territorio pequeño, un impacto global
A pesar de su baja población, Groenlandia se ha convertido en un símbolo de los nuevos conflictos del siglo XXI: la competencia por recursos, el control de rutas estratégicas y la influencia en regiones clave del planeta.
El deshielo progresivo del Ártico, producto del cambio climático, ha reforzado esta dinámica al abrir nuevas rutas marítimas y facilitar el acceso a zonas antes inaccesibles. Esto ha elevado el interés de potencias militares y económicas por asegurar presencia en la región.
Groenlandia y el derecho a decidir
En medio de este escenario, el factor central sigue siendo la autodeterminación. El marco legal vigente reconoce a los groenlandeses el derecho a decidir su futuro, incluso la posibilidad de avanzar hacia la independencia si así lo determinan.
Por ahora, el territorio mantiene su relación con Dinamarca, mientras gestiona con cautela el creciente interés internacional. Las tensiones diplomáticas muestran que Groenlandia ya no es solo una isla cubierta de hielo, sino una joya estratégica cuya relevancia seguirá creciendo en los próximos años.