La isla volcánica Surtsey, ubicada a 32 kilómetros de la costa sur de Islandia, permanece estrictamente prohibida al público desde su emergencia del océano Atlántico en 1963. La medida, vigente desde 1967 y reforzada por la ley islandesa. Con ello se busca garantizar que el territorio siga siendo uno de los pocos lugares del planeta que sean visitados. Únicamente unos cuantos científicos tienen permiso para llegar a ella.
El 14 de noviembre de 1963 comenzó una erupción submarina que duró hasta el 5 de junio de 1967 y dio origen a Surtsey, con una superficie actual de 1,3 km². Apenas tres años después de finalizada la actividad volcánica, en 1970 el Parlamento islandés declaró la isla y sus aguas circundantes (hasta 500 metros de la costa) reserva natural estricta. En 2008, la UNESCO inscribió Surtsey en la Lista del Patrimonio Mundial.
La isla Surtsey se formó durante cuatro años
Ese decreto se dio por su valor científico excepcional como “laboratorio natural único para el estudio de la colonización biológica”. La prohibición de desembarco es absoluta para turistas, periodistas y visitantes no autorizados. Solo un reducido grupo de científicos, actualmente menos de diez personas al año, recibe permiso especial del Instituto Islandés de Historia Natural y del Ministerio de Medio Ambiente tras rigurosa evaluación.
Los investigadores deben seguir protocolos estrictos: desinfección de ropa y equipo, prohibición de llevar semillas, insectos o cualquier material orgánico externo. También está muy limitado el contacto físico con el suelo para evitar contaminación biológica. Cincuenta y ocho años después de su formación, Surtsey alberga 89 especies de aves, 335 de invertebrados y 69 especies de plantas vasculares.
Altas multas si intenta acercarse a la isla
Todas estas especies llegaron de forma natural por viento, corrientes marinas o transporte aviar. La presencia accidental de una mosca en 1964 o de un tomate que germinó en 1985 (arrancado inmediatamente) demostró la fragilidad del ecosistema y reforzó la política de aislamiento. El Gobierno de Islandia y la UNESCO vigilan permanentemente la zona mediante patrullas marítimas y monitoreo satelital.
Cualquier intento de aproximación no autorizada puede acarrear multas de hasta 1,5 millones de coronas islandesas (12 mil euros) y procesos penales. La isla Surtsey es el único caso en el mundo de isla volcánica nueva mantenida intencionalmente libre de influencia humana a largo plazo. Aquello la convierte en referencia global para estudios sobre sucesión ecológica, cambio climático y resiliencia de ecosistemas.
Los datos recopilados han sido publicados en más de 400 artículos científicos y sirven de modelo para la restauración ecológica en otros lugares afectados por actividad volcánica o industrial.