Las autoridades iraníes han endurecido su postura frente a las masivas protestas que sacuden el país, con cifras alarmantes de muertos y detenidos, intensificando la confrontación con Estados Unidos tras una serie de declaraciones cruzadas entre Donald Trump y el líder supremo Ali Jameneí.

El régimen de Irán prometió castigos "firmes y rápidos" para los manifestantes arrestados, según advirtió Ali Salehi, fiscal de Teherán. Criticó a Donald Trump después de que el entonces presidente estadounidense asegurara que la república islámica había suspendido la ejecución de 800 manifestantes tras su advertencia de tomar represalias en caso de más ahorcamientos.

Jameneí reconoció públicamente que "varios miles de personas" han muerto en las protestas, una cifra que coincide con estimaciones de diferentes organizaciones de derechos humanos y agrupaciones opositoras. La ONG Iran Human Rights reportó al menos 3,428 fallecidos y más de 19,000 detenciones, mientras los reportes de HRANA hablan de 3,090 muertes confirmadas y más de 22,000 arrestados.

Las protestas, que comenzaron el 28 de diciembre cuando comerciantes de Teherán cerraron sus negocios por la devaluación del rial, pronto se propagaron por todo el país. Los manifestantes, en su mayoría jóvenes, reclamaron el fin de la república islámica y la salida de Jameneí, derivando en movilizaciones multitudinarias durante los días 8 y 9 de enero, mientras el gobierno mantenía un estricto bloqueo de internet.

El gobierno culpa a EEUU y Donald Trump de la violencia

Jameneí responsabilizó a Estados Unidos y sus aliados, como Israel, de haber instigado las movilizaciones, que tachó de "complot extranjero" contra Irán. Acusó a agentes seleccionados por servicios de inteligencia estadounidenses y del Mossad de influenciar y alentar a los manifestantes, sumando que el propio Trump intervino personalmente con discursos y amenazas para respaldar las acciones en las calles.

Salehi, durante un acto junto a Jameneí, tachó de infundadas las palabras del presidente estadounidense y prometió una respuesta dura para quienes participaron en los disturbios. Trump, por su parte, llamó a un "nuevo liderazgo" en Irán y amenazó con acciones más contundentes si el régimen persistía en la represión violenta.

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Campaña de represión y retórica inflexible

El fiscal general Mohammad Movahedi Azad subrayó que los detenidos enfrentarán "severos castigos", señalando que el régimen no tendrá "indulgencia, piedad ni tolerancia". Para las autoridades, todos los involucrados son considerados "mohareb", es decir, culpables de declarar la guerra contra Dios, un crimen que en Irán se paga con la muerte.

Las fuerzas antidisturbios vigilan calles y espacios públicos, principalmente universidades, que permanecen cerradas, mientras las escuelas volvieron a clases presenciales tras el levantamiento parcial de las restricciones. Los exámenes universitarios siguen pospuestos sin fecha fija.

Durante las protestas se reportaron incidentes de vandalismo y ataques a infraestructuras públicas, incluidos incendios en más de 50 mezquitas según la versión oficial, y daños en bancos y propiedades estatales.

  • Entre el 5 y el 14 de enero se documentaron al menos 52 ejecuciones en 42 prisiones, en su mayoría por condenas de asesinato y delitos de drogas.
  • Las ONGs alertan sobre la falta de acceso independiente a la información y la imposibilidad de supervisar los procesos judiciales.

El trasfondo económico y los llamados a la unidad

Jameneí reconoció el malestar por la situación económica y pidió al gobierno reforzar el trabajo para aliviar el descontento. Las autoridades mantienen su narrativa de no arrastrar al país a la guerra, pero insisten en que los "criminales nacionales e internacionales" no quedarán impunes, exigiendo a Estados Unidos que "rinda cuentas".

Irán continúa bajo un entorno de alta tensión, con represalias políticas y judiciales internas, mientras persiste el bloqueo nacional de internet y aumentan las muestras de solidaridad y condena desde la comunidad internacional. Las protestas, aunque parcialmente reducidas, no han cesado y el país permanece atento a nuevas reacciones tanto del gobierno iraní como de la administración estadounidense.