El sistema judicial británico ha emitido un veredicto contundente en uno de los casos más estremecedores de esclavitud moderna en Inglaterra registrados recientemente. Amanda Wixon, una mujer de 56 años residente en Tewkesbury, fue declarada culpable por el tribunal tras demostrarse que mantuvo cautiva a una mujer durante más de dos décadas. Durante este tiempo, la víctima fue forzada a trabajar en condiciones de servidumbre, siendo privada de sus derechos fundamentales y sometida a una vigilancia constante por parte de su captora. El proceso legal ha sacado a la luz la crueldad con la que Wixon operaba dentro de su propio hogar.
La investigación liderada por la Policía de Gloucestershire reveló que la situación de esclavitud moderna en el país eutopeo se prolongó desde finales de los años noventa hasta el año 2021. La víctima, que actualmente tiene 40 años, vivió en condiciones que las autoridades han calificado como miserables, careciendo de acceso a servicios básicos de salud o atención dental. Los investigadores del Departamento de Investigación Criminal lograron recopilar pruebas suficientes, incluyendo imágenes que evidencian el estado de degradación en el que se encontraba la vivienda. Este hallazgo se produjo tras una denuncia que permitió a los agentes irrumpir en la propiedad.
Labores forzadas y control absoluto
El rol de la víctima dentro de la dinámica familiar de Wixon era el de una esclava doméstica sin remuneración ni descanso. Según los informes, la acusada, quien tiene 10 hijos, obligaba a la mujer a realizar todas las tareas del hogar, incluyendo la limpieza profunda y el cuidado de los menores. Bajo este régimen de esclavitud moderna en Inglaterra, la afectada debía preparar a los niños para la escuela y barrer los pisos de manera ininterrumpida. La violencia era una herramienta común utilizada por Wixon para garantizar que todas las órdenes fueran cumplidas con exactitud y sin ningún tipo de resistencia.
La privación de libertad no solo era física, sino también económica y social, reforzando el esquema de esclavitud moderna en Inglaterra. Wixon prohibió a la víctima el uso de cualquier teléfono celular para evitar que pudiera pedir ayuda al mundo exterior. Además, se le negaba el dinero y se le obligaba a vestir únicamente con ropa usada, manteniéndola en un estado de pobreza absoluta. En el juicio se detalló cómo la mujer era forzada a servir las comidas familiares, pero ella solo podía alimentarse con las sobras o restos que dejaban los demás integrantes de la casa.
Violencia física y tortura psicológica
El testimonio de la víctima durante los 13 días que duró el juicio describió un escenario de esclavitud moderna en Inglaterra marcado por la tortura. Relató que Wixon la sometía a castigos físicos severos, como meter su cabeza en el inodoro o verter líquidos limpiadores directamente en su cara y garganta. Estas acciones inhumanas eran acompañadas de amenazas constantes que mantenían a la mujer en un estado de terror permanente. La falta de humanidad llegó al punto de prohibirle el baño personal, aunque tenía la obligación de bañar a los hijos de Wixon y preparar las tinas para la propia acusada.
Las agresiones físicas documentadas en este caso de esclavitud moderna en Inglaterra causaron daños permanentes en la salud de la afectada. En una ocasión, Wixon la golpeó con el mango de una escoba en el rostro, provocando que la mujer perdiera varios de sus dientes. También se mencionó el uso de un martillo para destruir un dispositivo móvil que la víctima había obtenido secretamente, acto que fue seguido por un golpe que le dejó un ojo morado. Incluso su apariencia personal era controlada, ya que se le rapó la cabeza a la fuerza para impedir que luciera el cabello largo como ella deseaba.
Las secuelas de un cautiverio prolongado
Tras su rescate el 15 de marzo de 2021, el estado físico de la mujer reflejaba los horrores de la esclavitud moderna en Inglaterra. Al ser trasladada a un centro médico, los doctores notaron que presentaba una desnutrición severa y diversas cicatrices alrededor de la boca. Los especialistas sugirieron que estas marcas eran compatibles con el contacto frecuente con productos químicos de limpieza. El personal sanitario también observó callos prominentes en sus tobillos, resultado de pasar extensas jornadas de rodillas barriendo los suelos con un recogedor y un cepillo pequeño.
La evaluación odontológica fue igualmente alarmante en este contexto de esclavitud moderna en Inglaterra. El dentista encargado del examen afirmó que la víctima sufrió dolores intensos y prolongados debido a múltiples infecciones y abscesos que nunca recibieron tratamiento profesional. El hedor corporal y el aspecto demacrado de la mujer al momento de su rescate fueron indicadores clave para la policía sobre la gravedad del abuso sufrido. Estos hallazgos médicos fueron fundamentales para sustentar los cargos de lesiones corporales reales que se le imputaron a Amanda Wixon durante el proceso judicial.
El entorno de miseria en Tewkesbury
Las imágenes difundidas por la Policía de Gloucestershire muestran la habitación donde la víctima pasaba sus noches bajo este sistema de esclavitud moderna en Inglaterra. El dormitorio consistía en una cama básica con sábanas extremadamente sucias y deterioradas, ubicadas en una estancia con paredes cubiertas de moho. Este entorno insalubre contrastaba con las responsabilidades de limpieza que se le exigían para el resto de la vivienda. La evidencia visual permitió al jurado comprender mejor las condiciones de vida infrahumanas a las que fue sometida durante más de veinte años de su vida.
La intervención policial ocurrió minutos después de las 22:30 horas, tras una llamada de auxilio que la mujer logró realizar con un teléfono oculto. Al llegar, los agentes encontraron a una persona asustada y con hematomas visibles en los brazos, lo que confirmó la urgencia de la situación. Este operativo puso fin a décadas de esclavitud moderna en Inglaterra, permitiendo que la víctima recibiera finalmente la atención que se le había negado desde 1997. El caso ha sido calificado por las autoridades locales como un ejemplo extremo de explotación y vulnerabilidad dentro de un entorno supuestamente familiar y seguro.
El proceso judicial y el veredicto final
La detective Emma Jackson, perteneciente a la policía local, destacó que Wixon explotó a una persona vulnerable bajo la apariencia de cuidado, perpetuando la esclavitud moderna en Inglaterra. En sus declaraciones, Jackson enfatizó que la acusada sometió a la víctima a los tratos más crueles e inhumanos imaginables en la sociedad actual. A pesar de que Wixon fue inicialmente detenida bajo sospecha de negligencia y liberada bajo fianza, las pruebas acumuladas llevaron a una condena firme. El Tribunal de la Corona de Gloucester no encontró dudas sobre la responsabilidad penal de la mujer de 56 años.
Amanda Wixon fue declarada culpable de cargos que incluyen falso encarcelamiento y obligar a una persona a realizar trabajos forzosos, delitos tipificados como esclavitud moderna en Inglaterra. También se le imputó la agresión con resultado de lesiones corporales, cerrando así un capítulo judicial necesario para la reparación de la víctima. Este veredicto envía un mensaje claro sobre la persecución de la servidumbre doméstica en el Reino Unido. La resolución del caso representa un alivio para las autoridades, quienes trabajaron arduamente para desmantelar este sistema de opresión que duró más de un cuarto de siglo.