El príncipe Andrew, ex duque de York, pasó en pocos años de ser considerado uno de los miembros más populares de la monarquía británica a quedar definitivamente apartado de la vida pública. La publicación, el 21 de octubre, de Nobody’s Girl (Nadie es dueña de mí), las memorias póstumas de Virginia Giuffre, intensificó un escándalo que se arrastraba desde 2019 y que culminó con su renuncia al título nobiliario por decisión tomada bajo presión del rey Carlos III.
El libro, editado seis meses después del suicidio de Giuffre en abril, recoge su testimonio sobre los abusos que asegura haber sufrido dentro del círculo del exfinanciero Jeffrey Epstein, condenado en 2008 por delitos sexuales y fallecido en prisión en 2019. En sus páginas, Giuffre afirma haber mantenido relaciones sexuales con Andrew en tres ocasiones, una de ellas cuando tenía 17 años, y describe una relación marcada por el abuso de poder.
Según el relato, Giuffre conoció al príncipe en marzo de 2001 en Londres, en la residencia de Ghislaine Maxwell, posteriormente condenada por tráfico sexual y considerada cómplice directa de Epstein. “Creía que acostarse conmigo era su derecho por su estatus”, escribió la autora sobre Andrew, en un pasaje que fue reproducido por medios británicos y estadounidenses.
Del hijo favorito al símbolo de la controversia
Nacido en 1960 en el Palacio de Buckingham, Andrew fue el tercer hijo y segundo varón de la reina Isabel II. Diversas biografías y testimonios coinciden en que mantuvo una relación especialmente cercana con su madre. La serie The Crown popularizó la idea de que era su “hijo favorito”, un vínculo que expertos atribuyen a que la reina pudo dedicarle más tiempo que a sus hijos mayores.
Educado en Gordonstoun, como sus hermanos, Andrew optó por una carrera militar. En 1979 ingresó a la Marina Real y alcanzó notoriedad durante la Guerra de las Malvinas contra Argentina en 1982, donde sirvió como piloto de helicóptero. Su participación en misiones de combate, rescate y evacuación lo convirtió entonces en héroe nacional, incrementando su popularidad dentro y fuera del Reino Unido.
Tras el conflicto, continuó ascendiendo en la Marina y fue nombrado ayudante personal de la reina. Sin embargo, su imagen pública empezó a cambiar con el paso de los años, marcada por una vida social intensa y relaciones sentimentales muy difundidas por la prensa.
Matrimonio, fama y apodo incómodo
En 1986, Andrew se casó con Sarah Ferguson, una figura carismática que rápidamente captó la atención mediática. La pareja fue descrita como una de las más populares de la realeza a finales de los años 80. No obstante, la relación se deterioró con rapidez. La presión de los medios, las prolongadas ausencias del príncipe y los escándalos fotográficos precipitaron la separación en 1992 y el divorcio en 1996.
Durante esos años, Andrew ganó el apodo de “Randy Andy”, reflejo de una reputación de playboy que contrastaba con la imagen institucional que se esperaba de un miembro de la Corona. Para entonces, ya había descendido en la línea de sucesión tras el nacimiento de los príncipes William y Harry.
En 2001, dejó la Marina y fue designado representante especial del Reino Unido para comercio e inversión internacional. Aunque no recibía salario, sus gastos oficiales eran cubiertos por el Estado. Informes periodísticos detallaron un estilo de vida lujoso y viajes constantes, lo que le valió el sobrenombre de “Air Miles Andy (Andy Millas Aéreas).
El escándalo Epstein y la ruptura definitiva
El vínculo de Andrew con Jeffrey Epstein se hizo público en 2010, cuando medios británicos revelaron encuentros posteriores a la condena del financista. Una fotografía del príncipe caminando con Epstein en Central Park desató una ola de críticas y lo obligó a renunciar a su cargo comercial.
En 2015, Giuffre lo mencionó formalmente en una demanda civil. Andrew negó las acusaciones y afirmó no conocerla, pese a la existencia de material gráfico que lo contradecía. La situación se agravó en 2019, cuando concedió una entrevista a la BBC considerada desastrosa por su falta de empatía y contradicciones.
Poco después, el Palacio de Buckingham anunció su retiro de la vida pública y la redistribución de más de 200 patronazgos. En 2021, Andrew alcanzó un acuerdo millonario extrajudicial con Giuffre en Nueva York, evitando un juicio que habría profundizado el daño institucional.
Vida privada bajo escrutinio del príncipe Andrew
A pesar del acuerdo, las consecuencias continuaron. Biógrafos y exinvestigadores señalaron que podrían reabrirse indagaciones. Paralelamente, su situación financiera quedó bajo la lupa. El príncipe reside desde 2003 en Royal Lodge, una mansión de 30 habitaciones en Windsor, con un contrato de arrendamiento vigente hasta 2078.
Según la prensa británica, pagó un millón de dólares por el arrendamiento y más de 7,5 millones en renovaciones, mientras que su asignación anual fue retirada y los costos de seguridad ascienden a millones de dólares. En meses recientes, el sitio web oficial de la monarquía eliminó toda referencia a su título.
La exclusión de Andrew marca uno de los episodios más delicados para la familia real británica en décadas y refleja el impacto duradero del caso Epstein en las instituciones que se vieron vinculadas a él. (10).