Una investigación de la Red de Periodismo de Investigación de la UER ha destapado un caso de gran impacto sanitario y ético en Europa: el uso prolongado del semen de un mismo donante portador de una mutación genética potencialmente mortal, que derivó en el nacimiento de casi 200 niños en distintos países del continente.

El donante, identificado como “donante 7069” o “Kjeld”, comenzó a donar semen en 2005 en la sede de Copenhague del Banco Europeo de Esperma (ESB). En ese momento, según la información recopilada, el joven —entonces estudiante— superó todos los exámenes médicos exigidos por la normativa vigente, sin que se detectara ninguna anomalía genética.

Los gametos de este donante se distribuyeron entre 2006 y 2023 a 67 clínicas de fertilidad de toda Europa. La investigación subraya que esta amplia distribución fue posible debido a la ausencia de una regulación internacional unificada que limite el número total de nacimientos por donante.

Descubrimiento de la mutación genética

En 2023, las clínicas dejaron de utilizar el semen del donante tras descubrirse una alteración genética en el gen TP53, asociada al síndrome de Li-Fraumeni. Esta enfermedad genética predispone a quienes la portan a desarrollar diversos tipos de cáncer a lo largo de su vida. En muchos casos a edades tempranas.

Según explicó Ann-Kathrin Klym, jefa de laboratorio del banco de esperma Berliner Samenbank, esta mutación no podía ser detectada en 2005, ya que se encontraba presente en un porcentaje muy bajo de las células del esperma. Los avances científicos posteriores permitieron identificar la alteración casi dos décadas después.

Para el momento en que se bloqueó definitivamente el uso del semen, la mutación ya había sido implantada en decenas de mujeres en distintos países europeos.

Casos de cáncer y seguimiento médico

La investigación recoge testimonios médicos que confirman que algunos niños concebidos con este semen ya han desarrollado cáncer. Incluso, algunos han fallecido a edades muy tempranas. “Tenemos niños que han desarrollado dos tipos de cáncer y algunos ya han muerto”, declaró Edwige Kasper, investigadora de la Universidad de Rouen, en declaraciones a la televisión pública danesa DR.

Los especialistas consultados coinciden en la necesidad de localizar a todos los hijos nacidos de este donante para ofrecerles seguimiento médico y controles genéticos, aunque todavía no se conoce el número total exacto de niños concebidos.

Impacto en España y otros países

En España, las autoridades confirmaron que el semen del donante 7069 se utilizó en cuatro clínicas, dando lugar al nacimiento de 35 niños. De ellos, diez pertenecen a familias españolas y 25 a mujeres extranjeras que viajaron al país para someterse a tratamientos de fertilidad.

Este dato cobra relevancia porque la legislación española establece un límite de seis familias por donante, umbral que se superó ampliamente. Según la investigación, tres de estos niños han dado positivo en la mutación TP53 y uno ya ha desarrollado la enfermedad.

El país con mayor número de nacimientos asociados al donante es Países Bajos, con 49 bebés concebidos hasta 2013. Además de otros 50 nacidos de mujeres no residentes. En Bélgica, se contabilizan 53 niños, pese a que la ley local también limita a seis familias por donante. Esta situación llevó a la Fiscalía belga a anunciar una investigación en septiembre.

Distribución en otros países europeos

El semen también se utilizó en clínicas de Grecia, donde un médico confirmó que tres hermanos portan la mutación y uno ya padece cáncer. Asimismo, se registraron nacimientos en Alemania, con dos niños afectados, y ventas a clínicas de Irlanda, Polonia, Albania y Kosovo, donde no se produjeron nacimientos.

También existen reportes de distribución del semen en Chipre, Georgia, Hungría y Macedonia del Norte. No obstante, no se ha confirmado el número de concepciones en esos países.

Respuesta del banco de esperma

El Banco Europeo de Esperma reconoció en un comunicado que se excedieron los límites legales en algunos países. La entidad atribuyó la situación a una combinación de información insuficiente por parte de las clínicas, sistemas de control no robustos y al fenómeno del turismo de fertilidad.

El caso ha reabierto el debate en Europa sobre la necesidad de armonizar la legislación internacional, reforzar los controles genéticos y establecer límites efectivos y globales al uso de donantes para evitar riesgos sanitarios y sociales a largo plazo.