Reynaldo Barrera llegó a Carolina del Norte después de un camino largo que empezó en Cuba y pasó por Ecuador. En Quito se probó en el audiovisual, la fotografía, la artesanía y los videoclips, pero también se reencontró con el periodismo social, con ese contacto directo con las personas que le recordaba por qué contaba historias.
Ese instinto lo siguió hasta Charlotte. Allí retomó el tatuaje, un oficio que había empezado tímidamente en la Escuela Nacional de Arte de la Isla. Con el tiempo armó su clientela y un ritmo de vida más estable. Pero cuando comenzaron las redadas de ICE y la patrulla fronteriza en la región, algo volvió a activarse dentro de él. Ese lente humano que nunca apagó se puso otra vez en marcha.
El día en que la leche se volvió un símbolo
El Rey Art Tattoo, como se identifica Rey en la comunidad, vio que muchas familias latinas dejaron de salir a trabajar por miedo. No era un dato político. Era algo que conocía de cerca, porque muchos de sus clientes trabajan en construcción, limpieza o cocina. Cuando no salen, no cobran. Y cuando no cobran, no hay comida suficiente en casa.
“Yo pensé en esas madres que no podían salir. Mi hija toma leche todos los días. Y me dije: si aquí no falta, tampoco debería faltar en las casas donde hoy hay miedo”, cuenta. Esa fue la chispa. Él ya había ayudado otras veces sin decirlo. Como él mismo explica, “siempre que pasa una crisis, hago lo que puedo, pero nunca lo publico. Esta vez lo hice porque necesitaba saber quiénes eran realmente las familias que de verdad necesitaban ayuda”. Eso lo llevó a abrir una convocatoria y pedir direcciones. Salió con litros de leche, alimentos y lo que pudiera alcanzar para cubrir al menos una semana para cada familia. “Lo mínimo que podía hacer era llevar dos galones. Que por lo menos los niños tuvieran su leche esta semana”, dice.
Las puertas que se abren cuando la comunidad se activa
Lo que comenzó solo se convirtió en cadena. Personas que conocían su trabajo, amigos y comerciantes se sumaron con donaciones pequeñas y grandes. No hubo plan ni organización formal. Solo la urgencia y la convicción de que nadie debe enfrentar un momento así sin apoyo.
Reynaldo recorrió calles de Charlotte, Gastonia y áreas cercanas, tocando puertas con cuidado, dejando bolsas a distancia y avisando por mensaje. No buscaba aplausos. Buscaba que la gente respirara un poco más tranquila.
El encuentro con Sabrina Batres
En medio de esa correría se cruzó con Sabrina Batres, una agente de bienes raíces recién llegada de Nueva York y parte del grupo Latina’s Realtor. Ella también había empezado a llevar víveres, pañales y fórmula para bebés junto con otras nueve mujeres. Sabrina lo llamó, se unieron en algunas entregas y él aportó parte de la leche que llegó a más de veinte familias.
Ese cruce de esfuerzos abrió otra historia. La suya merece capítulo aparte, donde conoceremos a Sabrina, a su grupo de mujeres y a la red que han construido desde cero para sostener a una comunidad que, por estos días, estuvo golpeada por el miedo.
Por: Kike Perdomo (MV).