Cada inicio de año, mientras gran parte del mundo retoma la rutina tras las fiestas, un nombre vuelve a ocupar titulares: Davos. Este discreto pueblo de Suiza se transforma durante unos días en el epicentro del debate global.

Presidentes, primeros ministros, directores de multinacionales, académicos, activistas y líderes sociales coinciden allí para discutir el estado del mundo y, sobre todo, su futuro. Pero más allá de las fotos y los discursos, ¿qué es exactamente el Foro de Davos y por qué genera tanta atención?

Un espacio para el diálogo global

El llamado Foro de Davos es, en realidad, la reunión anual del Foro Económico Mundial (World Economic Forum, WEF), una organización internacional sin fines de lucro fundada en 1971 por el economista suizo Klaus Schwab. Aunque su sede se encuentra en Ginebra, su cita más conocida es este encuentro que se celebra cada enero en Davos.

A diferencia de las cumbres políticas tradicionales, el Foro no busca firmar tratados ni imponer decisiones. Su esencia es otra: crear un espacio de diálogo donde sectores que rara vez conversan entre sí puedan intercambiar ideas. Gobiernos, empresas, organizaciones internacionales, científicos y representantes de la sociedad civil comparten mesas de debate sobre los grandes retos contemporáneos, desde la economía y la geopolítica hasta la tecnología, el clima o la salud.

¿Para qué sirve Davos?

La utilidad del Foro de Davos suele ser motivo de debate. Sus defensores señalan que su principal valor radica en conectar a actores clave con capacidad real de influir en el rumbo del mundo. En un contexto global marcado por la fragmentación y la desconfianza, reunir a estos líderes en un mismo espacio ya es, para muchos, un logro en sí mismo.

Además, Davos funciona como un termómetro de las tendencias globales. Cada año se presentan informes influyentes, como el Global Risks Report, que anticipan riesgos económicos, tecnológicos, sociales y ambientales. Aunque no son vinculantes, estos análisis suelen orientar decisiones políticas y corporativas durante el resto del año.

El Foro también ha servido como punto de partida para iniciativas internacionales en ámbitos como la educación, la salud o la sostenibilidad. Su impacto no se mide tanto en decisiones inmediatas como en su capacidad para instalar temas en la agenda global.

Los temas que marcan la conversación

Cada edición del Foro gira en torno a un lema que refleja las preocupaciones del momento. En Davos se habla de economía internacional, crecimiento e inflación, pero también de cambio climático, transición energética, innovación tecnológica, inteligencia artificial y el futuro del trabajo.

En los últimos años, la geopolítica ha ganado un peso central: conflictos armados, tensiones entre potencias, crisis de confianza y nuevos equilibrios globales. A ello se suma una mirada cada vez más fuerte sobre las dimensiones humanas del desarrollo, como la desigualdad, la inclusión, la formación de nuevas habilidades y el bienestar social.

¿Quiénes participan?

Uno de los rasgos más distintivos de Davos es la diversidad de perfiles que congrega. Asisten jefes de Estado y ministros de las principales economías del mundo, directores ejecutivos de grandes empresas, representantes de organismos internacionales como la ONU o el FMI, académicos, expertos y líderes de organizaciones sociales.

En las ediciones más recientes, el Foro ha reforzado la participación del Sur Global y de las nuevas generaciones, a través de comunidades como Global Shapers. Además, gracias a transmisiones en vivo, plataformas digitales y espacios como el Foro Abierto, la conversación se extiende más allá de las montañas suizas y alcanza a audiencias de todo el planeta.

Críticas y controversias

Pese a su influencia, Davos no está libre de críticas. Se le acusa de ser un espacio elitista, con acceso restringido a una minoría poderosa. Otros cuestionan la falta de resultados concretos y señalan la contradicción entre los discursos sobre sostenibilidad y el impacto ambiental del propio evento.

Estas críticas, sin embargo, forman parte del debate que rodea al Foro y reflejan la dificultad de articular soluciones globales en un mundo diverso y desigual.

Un foro influyente, aunque no decisorio

Davos no toma decisiones obligatorias ni dicta políticas. Su poder es más sutil: influir, conectar y anticipar. Marca el tono del año político y económico, genera titulares y orienta conversaciones clave. En un mundo atravesado por cambios acelerados, el Foro de Davos sigue siendo, para bien o para mal, el lugar donde el mundo se reúne para pensarse a sí mismo.