Gustavo Rosy y su esposa Esmerita Chiquito elevan su voz contra lo que consideran un "cobro excesivo" por el uso de espacios en los cementerios municipales. El reclamo gira en torno a las nuevas tarifas por nichos, bóvedas y uso del suelo, que han pasado de ser pagos simbólicos a montos que, para ellos, resultan prohibitivos.
Rafael Vega, otro ciudadano afectado, resume el sentir general: "Necesitamos que los medios den a conocer a la primera autoridad de la ciudad que hasta cuándo nos quieren sacar dinero. La situación está muy dura para ahora querer cobrar en el cementerio un dineral", dijo.
Vega detalla cómo el panorama ha cambiado drásticamente. "Antes, uno compraba ese espacio y le daban título de propiedad, que eran unos papeles que daban los panteoneros. Hasta el año pasado, uno pagaba por el uso de suelo, entre 40 y 50 dólares. Pero resulta que este año uno va a pagar y le salen que cada bóveda ocupada o desocupada tiene un valor de 18 dólares cada una, aparte del uso de suelo", detalló. Para él, esto no solo es un incremento injustificado, sino que se suma a problemas crónicos en los camposantos: inseguridad, ladrones que entran a robar o fumar drogas; suciedad acumulada que obligan a los visitantes a limpiar por su cuenta; y la ausencia de servicios básicos como agua, que deben comprar por fuera.
Estudio técnico y actualización del catastro
Frente a estos reclamos, Soraya Proaño, especialista en la Dirección de Cementerios Municipales, explica las reformas realizadas tras un estudio y análisis. Según Proaño, los cementerios municipales estaban en "total abandono" hasta el 2020, cuando se creó una unidad especializada para reorganizar y reestructurar estos espacios. Un punto clave en su argumento es aclarar un malentendido común: los espacios no son de propiedad privada. "Aquí no hay la opción y muchas personas por desconocimiento dicen 'yo compré'. Pero son espacios públicos, pertenecen al municipio y no existe la posibilidad de que alguien lo haya comprado como tal. Sino que el municipio los entrega en una figura parecida al arriendo, por lo que el ciudadano debe cancelar una tasa anual".
Proaño enfatiza que las tasas no se habían revisado "nunca, o hace muchos años", con la última actualización datando del 2003. El cambio de moneda a dólares en el 2000 no implicó ajustes significativos hasta ahora. "En el año pasado se hicieron algunas mesas técnicas de trabajo, se analizó valores, se hizo un comparativo con otros cantones para llegar a valores que ya estén aterrizados en nuestra realidad", detalla. El objetivo, asegura, es que estos recursos se reflejen en mejoras palpables, ya que los cementerios son "campos santos donde descansan nuestros seres queridos, tenemos una historia de personajes, de familias". Incluso, menciona que personas de altos ingresos prefieren estos espacios públicos sobre opciones privadas, lo que subraya su importancia cultural.
De $2.60 al año a $18.32 anuales
En cuanto a los montos específicos se informó que antes, por un espacio con una bóveda, se pagaba alrededor de $2.60 al año, una tasa que no se había ajustado en más de 20 años. Ahora, el valor por bóveda —ocupada o vacía— asciende a $18.32 anuales, lo que sigue siendo "un valor bajo" en comparación con otros contextos, según la funcionaria. Sin embargo, reconoce que el malestar surge especialmente entre quienes poseen múltiples bóvedas. "El tema está cuando un ciudadano lucra de los bienes públicos y tiene 80 bóvedas. Obviamente protesta por el valor que tiene que pagar, pero hay muchos ciudadanos que lucran de eso". Para combatir esto, la municipalidad ha cerrado "esa llave" al limitar los cambios de titularidad, permitiéndolos solo por línea familiar directa y con registro adecuado.
La especialista también aborda las consecuencias del abandono de algunas bóvedas. En 10 años de pagos irregulares, eventos como la pandemia, migraciones y terremotos llevaron a la pérdida de documentos y un catastro incompleto al 60%. "Nos encontramos con una situación de un catastro al 60% de las personas que tienen a sus familiares", dice. Además, menciona problemas ambientales y visuales, como cuerpos expuestos por falta de mantenimiento en las bóvedas, que es responsabilidad de los usuarios. "Con el paso del tiempo las losas colapsan y nos encontramos con cuerpos expuestos, eso causa contaminación ambiental y visual".
Ordenanza incluye exoneraciones
Pese a las molestias, Proaño destaca avances en la "cultura de pago". Este año, ha habido una afluencia récord de personas acercándose a regularizar, aunque con sorpresa e indignación, especialmente entre adultos mayores. Para mitigar esto, la ordenanza incluye exoneraciones totales para grupos vulnerables: personas de la tercera edad, con discapacidad y en extrema pobreza según el registro social.
En el Cementerio General, con unas 25.000 bóvedas catastradas (aunque solo al 60%), no todas pagan, lo que complica las proyecciones de recaudación, manejadas por el área financiera. Proaño, enfocada en lo técnico y administrativo, resalta planes de mejoramiento: priorizar la seguridad con un circuito de cámaras o enlace al ECU-911, iluminación con reflectores en fechas especiales, y operación 365 días al año para emergencias. Manta cuenta con cinco cementerios municipales —General, Jardín de Paz (Tarqui), Sagrado Corazón de Jesús (Los Esteros), Eloy Alfaro y el de San Juan.