Todas las madrugadas, cerca de 60 pescadores artesanales de la parroquia rural Santa Marianita, en Manta, viven la misma escena. Empujar o jalar con carros 4x4 sus lanchas de fibra por decenas de metros de arena para sacarlas del agua. "No hay rampa de varado, no hay muelle, no hay canal de concreto ni de madera. Solo arena suelta y el constante castigo del oleaje", dijo Dimas Mero, pescador.
“El mar no perdona. Cuando dejamos las lanchas varadas en la playa, la marea las golpea toda la noche. Al día siguiente encontramos el casco agrietado, la hélice doblada o el motor lleno de agua y arena”, cuenta José Zambrano, otro pescador con más de 20 años faenando en esa caleta. Cada daño significa días sin salir a pescar y reparaciones que oscilan entre 300 y 800 dólares. “En un mes malo, entre parches de fibra, cambio de hélices y arreglo de motor, fácilmente se van 1.500 dólares que no tenemos”, agrega.
Los pescadores han intentado soluciones propias: cavan canales con pala para que los carros no se entierren, colocan tablas o llantas viejas para crear una especie de camino, pero la arena y las olas borran todo en pocas horas. “Es como pelear contra el mar con las manos”, dice Zambrano.
La falta de una rampa no solo daña las embarcaciones, también pone en riesgo la seguridad de los propios pescadores. Al subir o bajar las lanchas con carros tipo jeep o con pura fuerza humana, han ocurrido accidentes: personas caídas, lanchas que se voltean y hasta fracturas. “Trabajamos con miedo, porque en cualquier momento puede pasar algo grave”, reconoce otro pescador, Luis Calderón.
Santa Marianita no es una caleta pequeña ni desconocida. Diariamente salen de allí decenas de lanchas que abastecen de pescado y mariscos a Manta y zonas aledañas. Sin embargo, mientras otras playas cercanas como San Mateo cuentan con muelles construidos por o el Ministerio de Acuacultura y Pesca, Santa Marianita sigue olvidada.
“Nosotros no pedimos un puerto grande ni lujo. Solo una rampa sencilla de concreto, como las que tienen en todas las caletas vecinas. Con eso ya nuestras lanchas durarían años en vez de romperse cada mes”, insiste Zambrano. Los pescadores han llevado el pedido al gobierno parroquial en varias ocasiones y han entregado cartas y firmas, pero hasta ahora no hay fecha ni presupuesto confirmado.
“Sin rampa no hay futuro para la pesca artesanal aquí. O nos ayudan o poco a poco vamos a desaparecer”, sentencia José Zambrano.