Karla Joza Aguayo, neumóloga especializada en la Universidad de Buenos Aires (Argentina), combina con disciplina su labor médica en el Hospital Napoleón Dávila de Chone y su pasión por el triatlón de alto rendimiento. 

En una entrevista, la profesional —quien también atiende de forma privada en Manta— comparte cómo integra el deporte a su rutina, su recuperación tras un grave accidente y su compromiso con el rescate de animales vulnerables. A sus pacientes y a todos los profesionales les aconseja no abandonar el ejercicio físico, incluso en medio de agendas saturadas. Pertenece al equipo Endurance Precision Training (EPT) donde hay más de 110 personas. Tras un accidente y volver aprender a caminar de nuevo participó en un Ironman (140.6) en Sacramento, California, con cerca de 2000 competidores de todo el mundo y llegó a la meta. Hizo 13 horas, 30 minutos. 

¿Cómo vincula su profesión con la actividad deportiva?

 Soy triatleta de alto rendimiento desde hace tres o cuatro años. Mi esposo, Guillermo Zambrano, es mi mayor motivador; él es entrenador y fundador del equipo Endurance Precision Training (EPT). Organizo mi tiempo: entre semana encuentro 30 minutos para correr o pedalear y los fines de semana hago fondos largos. El deporte me da salud, paz mental y me relaja; va de la mano con mi trabajo porque me mantiene equilibrada.

¿Cómo se inició en el triatlón?

 Mi esposo me motivó a superar límites y ponerme metas. El equipo EPT, que ya tiene más de 110 personas, incluye disciplinas como natación, ciclismo, running, mountain bike y trail. No solo son de Manta, sino de otras provincias e incluso del extranjero.

Usted sufrió un accidente grave. ¿Cómo lo superó y participó en competencias?

 En 2024 hice un Ironman 70.3, y planeaba otro en 2025. Pero tuve un accidente en bicicleta: fracturas de pelvis y un desgarro muscular grave que me dejó dos meses inmovilizada. Aprendí a caminar de nuevo. Tenía programado un Ironman full (140.6) en Sacramento, California, con cerca de 2000 competidores de todo el mundo. Solo tuve tres meses para prepararme, más mental que físicamente, porque era una carrera muy dura. Mi meta no era podio, sino cruzar la meta y demostrarme que podía. Lo logré.

Más allá del deporte, usted realiza rescates de animales. ¿Cómo surgió esa faceta?

 Soy amante de los animales. Con mi esposo rescatamos perros en pésimas condiciones callejeras, los rehabilitamos y los damos en adopción. De los rescatados nos quedamos con dos: Maximus y Tommy, ambos mestizos. Uno lo traje de Argentina durante mi especialización; el otro lo encontramos en Charapotó, en la basura. Un cuerpo y mente sanos dan ganas de ayudar a quienes más lo necesitan, incluidos estos seres que no hablan, pero sienten.

¿Dónde estudió y por qué decidió volver a Ecuador tras especializarse en Argentina?

 Estudié Medicina en la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí. Me especialicé en Neumología en la Universidad de Buenos Aires, donde viví 6 años. Volví porque amo mi país: la comida, la calidez humana, el mar. Extrañaba el calor del hogar. Pese a la inseguridad, aquí tengo familia y amigos cerca; es más cómodo en tu tierra.

Desde su experiencia, ¿qué consejo da a jóvenes profesionales que piensan emigrar? 

Es válido salir por especialidades o maestrías que aquí no hay facilidad. Pero no olviden sus raíces. Fuera no es lo mismo; la calidad humana y el apoyo familiar son únicos aquí. Regresen con conocimientos ampliados para que el país progrese. Podemos aprovechar especialistas formados en el exterior. 

¿Qué le diría a profesionales ocupados para que hagan del deporte un estilo de vida?

Organícense: siempre hay 30 minutos para caminar, trotar o pedalear. El deporte no es un añadido molesto, es una necesidad básica, como almorzar. Mantiene el corazón sano, previene enfermedades. Como médica, lo recomiendo a pacientes. No se trata de ser el más rápido o ganar podios, sino de inspirar: mostrar que, sin mucho tiempo, uno se da un momento para moverse y motivar a otros.