Julio Roca Salazar es actualmente es el primer jefe y comandante del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Manta, una institución a la que he dedicado parte de su vida y su carrera profesional desde muy joven.

Está casado y tiene dos niñas: Gia Victoria (12) y Julia María (4). Es el único bombero en su familia. Es abogado y Magíster en Derecho. Actualmente, estudia una tecnología en Control de Incendios y Rescate. Inició como bombero voluntario a los 16 años. Fue el cuarto bombero rentado (pagado) de Manta a los 18 años. Ascendió ocupando cargos como asesor principal de coordinación, jefe de estación, jefe de dirección contra incendios e instructor. Es buzo certificado e instructor internacional en operaciones contra incendios.

¿Hace cuánto tiempo inició su trayectoria en el Cuerpo de Bomberos y cómo se dio ese primer acercamiento al servicio?

Llevo aproximadamente 20 años en la institución, desde los 16 años. Fue un paso bastante interesante y, en realidad, algo inesperado. Fui invitado por el sargento Jefferson Salcedo, quien era bombero voluntario, mientras yo formaba parte de una banda de guerra en una institución educativa, lo que me llevó a una primera charla de primeros auxilios.

¿Fue inmediato el deseo de ser bombero, o tuvo otras aspiraciones antes de ese momento?

Tenía todo proyectado para irme a estudiar Derecho en la Universidad de Quito, siguiendo los pasos de mi padre, quien es juez. La charla inicial no me conectó de inmediato; hasta que ocurrió un incendio forestal cerca del Colegio María Auxiliadora.

¿Cómo fue esa experiencia en el incendio que cambió su vida?

El sargento Salcedo me invitó a acompañarlo. Tomé un equipo prestado que ni siquiera me quedaba bien y, mientras íbamos por la ciudad con sirenas y balizas, empecé a sentir una conexión con la adrenalina y la emoción de la emergencia. Llegamos al sitio, nos metimos entre el humo y el fuego; al día siguiente, el olor a humo me seguía y dije a mi madre: “Yo quiero ser bombero”.

En un inicio, ¿cómo fue la transición de ser voluntario a bombero rentado, y qué personas fueron fundamentales en su formación y permanencia?

Empecé como bombero voluntario, invirtiendo mis propios recursos en mi traje, casco y botas usadas. Llegué a quedarme en la guardia por días, incluso semanas. Una persona clave en mi formación fue el teniente coronel Francisco Pinargotti, el primer jefe de esa época, quien generó buenas bases y permitió una gran compenetración con el voluntariado.

¿Cuál fue el momento clave para que usted diera el paso a ser bombero rentado?

Tras ver mi disciplina, entrenamiento y la cantidad de guardias, a mis 18 años, me preguntaron si quería ser parte de los bomberos rentados. Fui el cuarto primer bombero contratado en Manta, en una época en la que solo existían dos bomberos pagados. Mi madre me apoyó, a pesar de que mi padre prefería que estudiara, lo cual me permitió empezar desde el último en la fila y ascender progresivamente grado a grado en mi carrera institucional.

¿Uno de sus logros fue establecer el equipo de buceo. ¿Podría contarnos la experiencia de su primer rescate subacuático?

Yo ya era buzo certificado, y el primer rescate subacuático que realicé fue en la represa La Esperanza, donde cinco cadáveres estaban atrapados en un vehículo que se había ido al fondo. Fue un rescate muy emotivo que, aunque solo pudimos recuperar los cuerpos, le demostró al coronel la necesidad de capacitar y equipar a una división subacuática, la cual hoy tiene más de 10 buzos certificados.

¿Cuál considera que ha sido su mayor aporte a la institución a lo largo de estos más de 20 años, llegando ahora a la Jefatura?

Mi mayor aporte se remite a dos cosas: ser bombero rentado me permitió conocer las bases de la institución y las necesidades operativas desde la base. Esta visión objetiva me permite ahora, en la administración, fortalecer áreas clave, ampliando la vinculación de los bomberos con la ciudadanía a través de prevención y enfocándonos en el crecimiento tecnológico.

Hablando de crecimiento, ¿cuáles son los proyectos a corto plazo que busca concretar como jefe?

Queremos duplicar la capacidad operativa de nuestra brigada USAR, la que responde a terremotos, que actualmente cuenta con 27 miembros. Además, afianzar esta parte en el voluntariado, reactivando la compañía “Acheros” para que la institución retome sus bases históricas con 100 a 200 bomberos voluntarios formados, a diferencia de los cerca de 50 que tenemos hoy en día.

¿Qué otros proyectos en tecnología y atención ciudadana se vienen?

Apuntamos al crecimiento tecnológico pensando en drones, inteligencia artificial y sistemas radiales con tecnología IP, saliendo de una época muy ortodoxa. Hemos creado una división de canes de búsqueda y rescate, una división de drones y proyectamos generar una división de psicólogos para desastres. También fortaleceremos la parte prehospitalaria, renovando dos de nuestras cinco ambulancias y adquiriendo una nueva embarcación para rescates superficiales en el mar.