A los 69 años, Eloy Nieto camina entre bicicletas antiguas, máquinas de escribir, plantas, pinturas y reliquias. Su hogar, en un callejón de Manta, avenida 19 y avenida La Cultura, no es solo una casa de tres pisos: es un museo y un refugio donde la memoria familiar y la identidad manabita se funden bajo un mismo techo. Él la llama Casa de Mamá Inés , en homenaje a su madre, la mujer que sembró en él la semilla de la educación y del arte.

Sus padres llegaron a Manabí

“Mis padres eran de la Sierra, de Cuenca”, recuerda. Ambos se dedicaron a la docencia y llegaron a Manabí por trabajo. “Aquí se establecieron, aquí formaron su vida”. En ese “aquí” late el sentido de pertenencia que Eloy ha cultivado por décadas . Su madre, Inés Murillo, fue una de las primeras normalistas que llegó a la provincia. Su padre, funcionario público, educador y poeta, completaba esa pareja que, sin saberlo, fundarían en su hijo una devoción por el conocimiento y la cultura.

Eloy es uno de seis hermanos. Él heredó el amor por la docencia y el arte. Su vocación lo llevó a enseñar en varios colegios donde impartió materias como historia del arte, introducción a la estética y dibujo . “Yo crecí en una educación muy humanista”, recuerda. “En los antiguos pensum estudiábamos filosofía, ciencias sociales, y eso nos daba una visión cósmica de la vida”.

La curiosidad por lo que encontraba

Desde joven sintió curiosidad por los vestigios del pasado. En los inviernos, cuando la tierra de Manta, en el barrio El Mirador, se abría, aparecían fragmentos de cerámica y objetos de la Cultura Manteña . Él los guardaba. “Siempre me gustó estar ligado a la cultura”, dice. Esa inclinación lo llevó a coleccionar piezas, primero para apoyar sus clases, luego para alimentar su espíritu.

“Cuando enseñaba historia del arte ecuatoriano, tenía que mostrar cosas reales, no solo libros. Compraba réplicas en la parroquia La Pila, para que mis estudiantes pudieran verlas y tocarlas” . Con los años, su colección creció: libros, esculturas, bicicletas, máquinas de escribir, radios, artefactos antiguos.

“Tengo unas 56 bicicletas. Las personalizo, las tuneo, les doy vida”. También conserva dos autos clásicos -un Fiat 500 y un Mini Austin-.

La pregunta cuando se jubiló y el museo

Cuando se jubiló, hace seis años, se hizo una pregunta que cambiaría su rutina: ¿Qué voy a hacer con mi vida ahora La respuesta la encontró en su propia casa. “Decidí transformarla. Hacer algo que le sirva a la ciudad, poner lo que tengo a disposición de la gente”.

Así nació el proyecto Casa de Mamá Inés , una página en Facebook y un espacio físico que invita a la comunidad a conocer el patrimonio desde lo cotidiano. El callejón donde vive se ha convertido en una galería al aire libre. En las paredes hay murales, esculturas hechas con chatarra reciclada, plantas que brotan entre colores. “Todo tiene un concepto artístico y cultural”, explica. Aquí conviven el reciclaje y la memoria.

Entre sus libros -más de mil quinientos-, las plantas y los objetos restaurados , Eloy Nieto encuentra cada día una razón para no estar desocupado. “Todos los días arreglo algo”, dice. Un objeto dañado, una bicicleta, una lámpara vieja. Siempre hay algo que revivir.

Y así, entre piezas de historia y olor a pintura fresca, Eloy Nieto sigue construyendo su museo interior. Uno donde el pasado no muere, sino que florece. Porque en la Casa de Mamá Inés , la memoria tiene casa, dueño y corazón.