Ronald Intriago no se proclama militante de ninguna ideología. Se define, más bien, como un observador persistente, un lector que durante quince años ha explorado uno de los territorios más intensos y contradictorios de la historia contemporánea: el comunismo.

De esa indagación nace su primer libro, Fascinación, miedo y desencanto. Las fases del comunismo, una obra que busca explicar un fenómeno que muchos consideraron superado con el fin de la Guerra Fría, pero que hoy vuelve a marcar el pulso de los debates políticos y emocionales del mundo.

Las dos corrientes políticas

“¿Tiene sentido seguir hablando de izquierda y derecha?”, le preguntan con frecuencia. Para él, la respuesta es afirmativa. Recuerda que entre 1947 y 1991 el planeta se dividió en dos polos: Estados Unidos como símbolo del capitalismo y la Unión Soviética como emblema del comunismo.

Con la caída del Muro de Berlín y la desintegración soviética, pareció que el mundo entraba en una calma ideológica. Pero, dice Intriago, aquello fue apenas un paréntesis. Hoy la polarización resurge, disfrazada de nuevas palabras y nuevos agravios.Basta un apodo, un insulto o una etiqueta para que las personas se alineen sin matices.

Fue ese ambiente el que lo impulsó a una pregunta que atraviesa todo su trabajo:¿por qué el comunismo sigue fascinando a tanta gente, incluso a quienes se niegan a admitir sus errores?Intriago recuerda discusiones con amigos que aún veneran a Stalin, Fidel Castro o el Che Guevara como figuras intocables. Ese dogmatismo, asegura, lo empujó a mirar la historia con una mezcla de escepticismo y curiosidad.

Sin embargo, insiste en que su libro no toma bandos.No cree en sistemas políticos perfectos. Por eso incluyó un capítulo provocador, “Diseccionando al enemigo”, donde documenta también los atropellos cometidos por Estados Unidos en nombre de la libertad. “No estoy escribiendo un panfleto”, advierte. Su intención es comprender, no sentenciar; analizar la atracción persistente hacia una ideología que, en su opinión, nunca logró plasmar en la práctica sus promesas originales.

Le sorprende, además, que el comunismo no haya sido juzgado con la misma severidad moral que el fascismo o el nazismo. Reconoce que muchos se decepcionaron, pero también identifica a quienes prefieren ignorar sus sombras.Esa resistencia a mirar de frente los errores —dice— siempre lo desconcertó.

El comunismo y sus defensores

Para Intriago, la frontera decisiva entre los sistemas es la libertad: la posibilidad de criticar sin temor. Aun así, admite que también existieron derechas autoritarias que pisotearon derechos. Pinochet, Somoza y otras dictaduras son ejemplos cuyas atrocidades hoy se reconocen abiertamente, a diferencia de ciertas corrientes de izquierda que —sostiene— todavía rehúyen una autocrítica profunda.

A lo largo del libro explora episodios cruciales: la Revolución Bolchevique, el estalinismo, la China de Mao, la tragedia camboyana de Pol Pot, la experiencia cubana y el socialismo del siglo XXI. Son el fruto de quince años de lecturas, archivos y notas minuciosas.El libro será presentado este viernes en Manta, a las 19:00, en La Tertulia.

Intriago terminó el libro durante un año sabático cuando era profesor de la Universidad Eloy Alfaro de Manabí. Hoy, con 70 años, está jubilado y dice que su libro no ofrece respuestas cerradas.Propone, más bien, un camino para pensar.