En las canchas del Coliseo de los Obreros y las canchas del Colegio Stella Maris, Marlene Murillo Valencia ha forjado campeonas y generaciones de alumnas durante casi seis décadas. Primero fue alumna, luego entrenadora de básquet pero actualmente es jefa de Talento Humano, destacando el deporte como su mayor satisfacción.

¿Quién es y cuántos años lleva trabajando?

Soy Marlene Murillo Valencia. Estoy cumpliendo 59 años de trabajo en el colegio Stella Maris. Empecé muy joven acá.

¿Cómo llegó a colaborar en el plantel? ¿Cuál fue ese primer paso?

Fui alumna de acá, estudié primaria y secundaria. Cuando estaba en quinto año, empecé a entrenar la selección de básquet en el Coliseo de los Obreros. Conocía del básquet por una entrenadora norteamericana que tuve. Puse esos conocimientos en las niñitas de primaria. Incluso, quedamos campeonas en esa época en Manabí con ese grupo. Siendo alumna, colaboraba con las chiquitas.

¿Cómo pasó de alumna a empleada?

La madre Lucía Margarita Ganchozo, rectora y madre regional de la congregación en Ecuador, me vio trabajando en la kermes. Le gustó mi trabajo y me dijo si quería trabajar. Empecé con inicial y seguí entrenando. Era bachiller graduada. Luego entré en Secretaría de Inspección y ayudante infantil. Después, ayudante de secretaría, inspectora general, profesora de mecanografía y taquigrafía y de nuevo inspectora general. Ahora, después de la pandemia, estoy al frente de la dirección de Talento Humano.

¿Cuál de todas estas funciones la llena más?

Todas. Todas me han gustado. Las he hecho con el carisma que nos enseñaron las madres de esa época, con las leyes y reglamentos. Las he ido moldando y aplicando.

¿El básquet ha sido el secreto de mantenerse activa?

Yo creo que sí. Jugué hasta bastante rato. Fuimos campeones de Manabí con un club llamado Ocho de Diciembre, en la esquina del Ocho de Diciembre, con grandes estrellas. Jugué hasta no hace mucho. Ahora no, por una operación de cataratas. Le pregunté al doctor si podía seguir; me dijo que si quería perder la vista por un codazo accidental, pues hasta ahí.

¿Puede detallar promociones o selecciones que obtuvieron logros?

Muchos años estuve a cargo de Cultura Física. Durante más de diez años en esa área, siempre trajimos copas, quedamos campeones a nivel provincial. Algunas de las más destacadas son: Marcia Chávez, Beba Andrade, Rocío Pinargote, la zurda María Rosa Rivadeneira y tantas que se me escapan, pero teníamos un lindo equipo.

¿El básquet ha sido su mayor satisfacción en el plantel?

Eso sí. Siempre que puedo, voy a ver a exalumnas jugando, como con el profesor Terry ahora. Pero la satisfacción más grande siempre ha sido el plantel.

¿Qué ha cambiado de cuando usted era entrenadora a la actualidad?

Mientras yo dirigí básquet en el colegio Stella Maris siempre tuve el apoyo de los padres; es decir si convocaba a entrenar a las alumnas a las 6 de la mañana, padres y estudiantes llegaban al lugar. A veces entrenábamos en el coliseo de los obreros y otras veces en el plantel. Había compromiso de padres y deportistas y actualmente no hay tanto y no sé porqué si el deporte es vida.

¿Qué anécdotas recuerda?

Con 59 años aquí tendría anécdotas para escribir varios libros, pero es difícil ahora mismo nombrar una porque son muchas, buenas y malas porque se trabaja con seres humanos y eso hace que la vida sea diferente.

¿Cuándo piensa retirarse?

Yo ya estoy jubilada, me jubilé en el 2010 pero la madre Ana Rafaela me propuso seguir bajo la contratación de servicios profesionales. Así que estaré en el colegio hasta que Dios y la congregación me lo permitan.