Durante dos años, Juan Alberto construyó con paciencia su comunidad en TikTok . A sus 39 años, sin grandes equipos ni producción, grababa escenas de su vida cotidiana, historias familiares y momentos espontáneos. Hasta el fallecido alcalde Agustín Intriago apareció en algunos de sus videos. Sin fórmulas mágicas, acumuló 33 mil seguidores. Una cifra nada despreciable.

“No soy influencer”, repite. Nunca cobró por sus publicaciones , ni vivía de eso. Su meta era construir reputación, dejar huella digital y, quizá, más adelante, monetizar. Mientras tanto, se ganaba la vida como comerciante. Todo marchaba bien hasta que apareció una chica encantadora.

La monetización en TikTok

Hace unas semanas conoció a una joven que, entre risas y promesas, le habló de dinero fácil y más rápido en las redes sociales. “Con más likes y visualizaciones , TikTok te paga”, le dijo, y le pidió su contraseña. La propuesta parecía sencilla, tentadora. Juan Alberto, confiado, accedió.

Hace dos días, lo primero que hizo al despertar, como hace millones en el mundo, fue tomar su celular. Juan Alberto revisó su cuenta. Pero ya no era su cuenta. Un video nuevo , sin su rostro ni su voz, había sido publicado. En él, la joven instaba: “¡Anímate, no esperes más! Con mil vistas puedes ganar 40 dólares”.

Pero todo era falso. TikTok no paga eso. En realidad, las ganancias por mil visualizaciones apenas rozan el dólar, y solo en países donde el Fondo de Creadores está activo , como EE. UU. o Francia. En Ecuador, la monetización llega -con suerte- a través de regalos en transmisiones en vivo. Para acceder al programa oficial se requieren al menos 10 mil seguidores y 100 mil visualizaciones en 30 días, además de cumplir requisitos específicos.

La denuncia en la Fiscalía

Cuando Juan Alberto quiso ingresar de nuevo a su cuenta, fue imposible. La joven había cambiado la clave. Intentó comunicarse con ella, pero lo bloqueó. Desapareció sin dejar rastro. Juan Alberto fue a la Fiscalía en Manta , pero se encontró con una triste realidad: como él mismo compartió la contraseña, el hecho no se considera delito.

Las estafas en TikTok son cada vez más comunes: personas buscan obtener dinero, datos personales o acceso a cuentas a través de engaños. La popularidad de la plataforma la ha convertido en un blanco atractivo para estos fraudes. “Lo hice por confianza”, lamenta Juan Alberto.

Ahora, le toca empezar de nuevo. Crear otra cuenta , volver a grabar, contar otra vez su historia. Y reconstruir, seguidor a seguidor, la comunidad que tanto esfuerzo le costó levantar. Porque en el mundo digital, a veces basta una sonrisa para perderlo todo.