La falta de lluvias comenzó a evidenciar un escenario crítico en varias zonas del norte de Manabí, donde la escasez de pasto obliga a los ganaderos a recurrir a sobrealimentación con insumos costosos. En sectores como Balsar 1, en la parroquia Eloy Alfaro de Chone, el productor Anselmo Arteaga describe un cambio abrupto: hasta noviembre contaba con pasturas suficientes, pero diciembre marcó un deterioro acelerado.
“La sequía se le ha venido encima”, explica Arteaga al detallar que ahora debe suplir la alimentación de sus animales con ensilaje, sueros, suplementos, melaza y paja seca. El costo es cada vez más difícil de asumir en un contexto donde los precios suben y la disponibilidad disminuye.
Un saco de silo oscila entre USD 3,50 y USD 4,00, mientras que cada animal consume entre 12 y 15 kilos diarios. Como consecuencia, la producción de leche ha caído de más de 80 litros diarios a alrededor de 50 litros, pese a mantener el mismo número de animales, un indicador preocupante para la cadena láctea local.
Aumento de gastos semanales y riesgos para el estado del ganado
Arteaga invierte actualmente cerca de USD 100 semanales en su finca de Balzar, pero en otra propiedad ubicada en Yesca de Zapallo, en el cantón Flavio Alfaro, el gasto podría ascender a USD 300 o incluso USD 400 por semana si las lluvias no llegan pronto. La variación depende del peso del animal: una vaca grande necesita entre 30 y 40 libras diarias de alimento.
El productor destina el silo únicamente a sus 15 vacas paridas, con un consumo total que bordea seis sacos diarios, combinados con paja seca, melaza y sal. Esta mezcla incrementa los costos de mantenimiento durante la época seca y anticipa efectos visibles en la condición física del ganado, que podría empezar a perder peso en los próximos días.
El impacto económico también repercute en los consumidores. El ganadero Orlando Pazmiño señala que el precio del queso ha subido de USD 2,25 a USD 2,70 y hasta USD 2,90 por libra, una tendencia que podría continuar si la situación se prolonga.
Pérdidas millonarias por escasez de pasto y zonas comprometidas en Manabí
El presidente de la Asocebú, Xavier Zambrano, advierte que Manabí pierde alrededor de USD 7 millones en cada temporada seca, lo que convierte al verano en el “mayor consumidor de carne” debido a la merma en la condición del ganado y la necesidad de ventas anticipadas.
Zambrano confirma que la escasez de pasto ya es evidente en sectores de Chone como Boyacá, Los Bravos, la vía a Rancho Viejo y parte de la parroquia Eloy Alfaro, donde se observa un terreno cada vez más árido, incluso antes de que la temporada seca se instale de manera plena.
La situación genera preocupación porque, según el dirigente, sin intervención técnica y sin planificación forrajera, la vulnerabilidad del sector se repetirá cada año con impactos acumulativos.
Pedernales, una excepción: tecnificación y menor presión ganadera
A diferencia del escenario crítico en Chone, en el cantón Pedernales la sequía no ha golpeado con la misma fuerza. El ganadero Geovanny Vera explica que esto se debe a dos factores: la tecnificación progresiva del sector y la reducción del hato ganadero.
El número de cabezas vacunadas cayó de 25.000 a 16.000, debido a que muchos productores migraron hacia actividades agrícolas como el cultivo de cacao. Quienes permanecieron en la ganadería, en cambio, apostaron por sistemas de manejo más eficientes.
Vera señala que la implementación de sistemas de riego, el cultivo de pasto de corte, la adopción de sistemas silvopastoriles y un manejo más planificado de potreros han permitido mantener disponibilidad de pastura. Gracias a ello, prevé tener alimento suficiente durante todo diciembre, una situación que contrasta con la de otros cantones manabitas.
Tecnificación como respuesta: testimonios y prácticas exitosas
El productor Richard Intriago, de La Carmela de Mosquito, coincide en que la clave ha sido anticiparse.
Tanto Intriago como Zambrano insisten en que la planificación debe convertirse en la norma. Recomiendan capacitación técnica, mejoramiento del forraje y sistemas que permitan asegurar alimento en épocas críticas. Entre las medidas más útiles mencionan:
Dividir potreros en parcelas pequeñas para uso diario
Garantizar descansos superiores a 60 días para recuperación de pasto
Implementar sistemas de riego que sostengan el crecimiento de forraje
Adoptar modelos alternativos de manejo para disminuir pérdidas
Estas prácticas, aseguran, ayudan a que la res mantenga mejor condición durante la temporada seca.
Acciones oficiales y apoyo técnico en la provincia
La directora distrital del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAGP), Laura Londoño, confirmó que de junio a noviembre no se registraron afectaciones severas en Manabí por la escasez de pasto, debido a un verano atípico con presencia de garúa y brisas que favorecieron el rebrote de pastos. Además, muchos ganaderos aún conservan hojas de maíz y tarallas para apoyar la alimentación del hato.
Londoño explicó que el MAGP, mediante el Proyecto Nacional Reconversión y Sostenibilidad Ganadera, ofrece capacitación constante en manejo de pasturas, ganadería regenerativa y sistemas silvopastoriles. El objetivo es reducir la dependencia de alimentos externos y promover prácticas que fortalezcan la sustentabilidad del sector.
Ciclo repetitivo y necesidad de planificación a largo plazo
La situación en Manabí revela un patrón recurrente: temporadas de abundancia seguidas por ciclos de sequía que afectan la disponibilidad de pasto. Los productores coinciden en que la falta de planificación histórica es uno de los factores que agrava el problema cada año.
Ganaderos como Arteaga y Pazmiño coinciden en que, sin lluvias prontas, la situación podría empeorar tanto para la producción como para la economía familiar.
La llegada de las precipitaciones marcará la diferencia entre una recuperación gradual o pérdidas más profundas.
Con información de César Vélez