El Parque Tecnológico Agropecuario de la Escuela Superior Politécnica Agropecuaria de Manabí (ESPAM) se consolida como una plataforma de articulación entre la academia, el sector público y la empresa privada para fortalecer el desarrollo productivo de la provincia. Así lo explicó Lenin Vera Montenegro, coordinador del proyecto, al detallar el alcance de una iniciativa que dejó de ser un conjunto de centros de investigación para convertirse en un ecosistema de innovación con impacto real en el agro manabita.
El concepto de parque tecnológico —señala Vera— rompe la lógica tradicional de la universidad encerrada en sí misma. Aquí, la investigación se conecta con las necesidades del territorio, se traduce en servicios tecnológicos y acompaña a productores y empresas en procesos de mejora, certificación y agregación de valor, explicó. El foco está claro: potenciar las principales cadenas productivas de Manabí, que hoy suman doce, entre ellas cacao, café, maíz, plátano, yuca, ganadería y cultivos emergentes.
De la idea al ecosistema: una década de construcción
El proyecto empezó a diseñarse en 2015, inicialmente como una red de centros de investigación. Con el paso de los años, esa estructura evolucionó hasta consolidarse como Parque Tecnológico Agropecuario. Al cierre de 2025 ya estaban operativos cuatro centros de investigación, de un total de siete proyectados para entrar en funcionamiento en 2026, detalló Vera..
Agregó que los primeros centros se definieron con una lógica territorial: atender el recurso natural, el sistema productivo y la innovación aplicada. Así nacieron el centro de suelos y aguas, el de fitotecnia y biotecnología, el de innovación agropecuaria (con fuerte énfasis en sistemas de información geográfica, topografía y mediciones espaciales) y el de genética animal, uno de los más avanzados de la región.
Genética, suelos, drones y resultados medibles
Aunque los cuatro centros avanzan de forma paralela, el de genética animal destaca por sus resultados. La central genética de la ESPAM —única en la región— trabaja con producción de semen, aspiración de óvulos y transferencia de embriones. En los últimos procesos, realizados entre finales de 2025 e inicios de 2026, se alcanzó un 40 % de preñeces confirmadas, por encima del promedio habitual del sector, que ronda el 30 %, informó el coordinador..
En suelos y aguas, el impacto también es tangible. En una primera fase, el parque realizó más de mil muestreos de suelo en toda la provincia para proyectos del Gobierno Provincial de Manabí. Para 2026, el centro ganó por concurso el análisis de 3.375 nuevas muestras. El valor agregado no está solo en el laboratorio: los resultados llegan a más de 3.300 productores vinculados a programas de capacitación y escuelas del productor en doce cadenas de valor.
La innovación tecnológica completa el cuadro. Equipos de drones de última generación, con espectrofotometría y espectrorradiometría, realizan levantamientos para proyectos de riego del Ministerio de Agricultura y Ganadería y para gobiernos locales. Incluso, la tecnología del parque ha sido utilizada para sobrevuelos técnicos solicitados por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural en el cerro Jaboncillo, evidenciando la versatilidad de los servicios.
Alianzas que impulsan a la ESPAM
El modelo que sostiene al parque es el de la "cuádruple hélice" dijo Vera. Este incluye academia, sector público, empresa privada y territorio. A las alianzas con el Ministerio de Agricultura y el Gobierno Provincial se suman municipios de distintos cantones, universidades nacionales y redes de investigación como CEDIA.
En el frente empresarial, see explicó que el parque ya alberga una empresa exportadora de cacao con capitales nacionales e italianos, que opera desde los predios universitarios. Gracias a la cercanía con la academia, se desarrolló toda la trazabilidad exigida por la normativa europea EUDR, clave para que el cacao manabita siga ingresando a ese mercado. La universidad, así, no solo investiga: sostiene competitividad, reclacó Vera.
La interacción con el sector privado también se evidenció en la feria del maíz duro amarillo realizada entre octubre y noviembre de 2025. Once casas comerciales probaron materiales y tecnologías en parcelas demostrativas dentro de la ESPAM. El resultado: más de mil asistentes, entre productores y técnicos, y nuevas réplicas de ensayo ya en marcha para la fase invernal.
Más inversión, más servicios locales
El crecimiento del parque viene acompañado de inversión. Entre finales de 2025 e inicios de 2026, la ESPAM destinó cerca de 1,2 millones de dólares para montar el Centro Agroindustrial, con líneas de procesamiento orientadas a emprendedores. El objetivo es claro: evitar que productores deban enviar su materia prima a Quito o Guayaquil para maquila. Desde 2026, chocolates y otros derivados podrán procesarse en Manabí.
A esto se suman nuevas áreas como el centro de mecanización agrícola, el centro de atención canina —con enfoque comunitario— y más inversión en genética, que solo en 2025 recibió alrededor de 90 mil dólares en equipamiento especializado.
El parque funciona con un esquema mixto: servicios subsidiados para investigación y proyectos estratégicos, y servicios pagados a costos accesibles. Los ingresos permiten renovar equipos, actualizar software y mantenerse a la vanguardia tecnológica. No es romanticismo académico: es sostenibilidad operativa.
Hoy, el Parque Tecnológico Agropecuario de la ESPAM recibe solicitudes semanales de instituciones dentro y fuera de Manabí. Universidades, gobiernos locales y empresas encuentran allí una respuesta técnica a sus necesidades, se explicó.