La designación de Manabí como Región Gastronómica Mundial 2026, obtenida en junio de este año, no solo celebra el sabor de una tierra. También celebra la posibilidad de construir, desde la cocina, un modelo de desarrollo con identidad. Para quienes trabajan día a día entre fogones, hornos y productos locales, este reconocimiento representa mucho más que un título. Es una oportunidad concreta para diversificar la economía, fortalecer la cultura y mejorar la calidad de vida de miles de familias manabitas.
La gastronomía como eje de crecimiento económico
Para las ingenieras en alimentos y bebidas Maribel y Belén Pico , este reconocimiento abre “un sinfín de oportunidades tanto en el ámbito de las exportaciones de productos nativos como en el turismo”. Según explican, el reto está en aprovechar la visibilidad internacional para posicionar ingredientes emblemáticos de Manabí . Estos incluyen el plátano, el maní, el cacao y los productos del mar dentro de mercados de valor. “El verde o plátano, protagonista en la mayoría de los platos manabitas, puede tener tanto potencial como el cacao o el café. Esto es posible si se trabaja en innovación, denominación de origen y agroindustria”, sostiene.
Maribel Pico considera que la gastronomía puede actuar como puente entre los sectores productivos tradicionales y la economía moderna . Esto se logra fomentando rutas culinarias, experiencias turísticas interactivas y el desarrollo de productos derivados del currincho o la caña, con sello de origen y valor agregado.
Beneficio directo para las comunidades rurales
La chef Maribel Rodríguez, propietaria del restaurante 100% Chonera, coincide en que el impacto debe sentirse también “en el campo y en las comunidades”. “El reconocimiento no sirve si no mejora la vida de los productores. Si los restaurantes seguimos comprando directo a pescadores, agricultores y emprendedoras locales, ellos tendrán más estabilidad y mejores ingresos”, comenta.
En su visión, el turismo gastronómico debe construirse sobre una base justa y sostenible: “La cocina no existe sin ellos; son el alma de cada plato. Lo bonito sería que cada vez que un turista pruebe algo nuestro, también beneficie a muchas familias manabitas detrás del producto ”.
El rol de los chefs y restaurantes en la transformación social
Las hermanas gemelas dueñas de la repostería Caramel Cake destacan que los chefs “tienen un papel fundamental que va más allá de cocinar: enseñar, preservar y revalorizar la tradición culinaria manabita”. Para ellas, este proceso debe acompañarse de formación técnica, capacitación y certificación de calidad . Esto es especialmente importante para productores locales que deseen exportar o formalizar sus negocios.
“ Cada producto manabita puede tener un sello propio . Si trabajamos en estándares y denominaciones de origen, podemos competir en el mundo sin perder la esencia ”, afirman.
Por su parte, desde 100% Chonera, Maribel recalca que los restaurantes pueden ser escuelas de vida y trabajo digno : “En nuestras cocinas no solo se preparan platos, también se forman personas. Un empleo digno es tan importante como una buena receta. Cada plato nace del esfuerzo de un equipo que ama lo que hace y respeta la cadena de valor”.
Más allá del turismo: diversificar la economía manabita
Las voces coinciden en que el reconocimiento no debe quedarse solo en atraer turistas. Para Maribel Pico, el desafío está en diversificar la economía local : “Podemos impulsar talleres, escuelas gastronómicas , agroindustrias de productos manabitas, pesca sostenible y experiencias rurales auténticas. Desde la cocina se pueden abrir muchas puertas”.
Esa visión la comparte la chef de 100% Chonera, quien plantea que la gastronomía puede ser un punto de encuentro entre sectores: educación, agricultura, arte y turismo. “ Lo importante es que el desarrollo se cocine desde lo local , con visión global”, enfatiza.
Políticas, alianzas y sostenibilidad
Las tres expertas insisten en la necesidad de políticas públicas y alianzas estratégicas que consoliden este proceso. “El Estado, las universidades, el sector privado y los cocineros debemos trabajar juntos -dice Maribel de 100% Chonera-. Necesitamos incentivos para el consumo local , apoyo al pequeño productor y formación continua para jóvenes cocineros”.
En esa línea, la escuela y laboratorio ICHE de San Vicente, y otras instituciones gastronómicas pueden jugar un papel clave como espacios de innovación . También son importantes para capacitación y articulación de redes entre campo, cocina y mercado.
Comer local es cuidar el cuerpo y la tierra
Además del impacto económico, la gastronomía también puede transformar los hábitos de salud. Pico explica que la cocina manabita, por naturaleza, ofrece una dieta equilibrada : “Fuentes de proteína como los mariscos, carbohidratos saludables como el plátano y grasas naturales como el maní. Si promovemos estas combinaciones, contribuimos a una mejor nutrición y bienestar social”.
De igual manera, la chef de 100% Chonera señala que “ comer a lo manabita es comer sano, fresco y con sentido ”, una forma de educación alimentaria que conecta territorio, salud y cultura.
Un desarrollo con alma manabita
Si algo comparten todas las voces es la convicción de que la gastronomía es una estrategia de desarrollo con alma manabita . “En Manabí todo está conectado: el mar, la tierra y la gente”, resume una de las chefs. Porque al final, como dicen quienes cocinan desde el corazón, “la comida tiene un superpoder: unirnos para celebrar la vida y transformar el futuro”.