Desde hace décadas, la peregrinación por la Virgen de Monserrate se ha consolidado como un acto de fe y agradecimiento . Los devotos inician su trayecto a pie desde distintas ciudades de la costa manabita, motivados por promesas cumplidas o por la esperanza de recibir un milagro. Algunos comienzan su recorrido en Portoviejo , a más de 25 kilómetros del santuario; otros parten desde Manta o Jaramijó , desafiando el cansancio, el calor y las pendientes del camino.

Las calles se llenan de luces, rezos y cantos durante la noche del 7 de noviembre , cuando los grupos más grandes parten hacia Montecristi. Familias enteras, jóvenes, adultos mayores y hasta niños participan en la caminata, que combina devoción, cultura y tradición popular . El arribo al santuario, generalmente al amanecer del día siguiente, representa para muchos el cumplimiento de una promesa hecha a la Virgen.

Los peregrinos portan velas, rosarios y estandartes , y algunos realizan el trayecto descalzos o de rodillas en los últimos metros, en señal de gratitud o penitencia. Al llegar, se celebra una misa multitudinaria que marca el punto culminante de la jornada espiritual.

El santuario y su importancia religiosa

El Santuario de la Virgen de Monserrate , ubicado en la Basílica Menor, a los pies del cerro Montecristi , es uno de los destinos religiosos más visitados del Ecuador. Su historia se remonta al siglo XVI, cuando según la tradición, la imagen de la Virgen fue encontrada por campesinos y comenzó a ser venerada por sus supuestos milagros.

Cada año, durante el mes de noviembre, el templo se convierte en el epicentro de una de las manifestaciones religiosas más significativas del país. La Diócesis de Portoviejo organiza misas, confesiones y vigilias, mientras el Comité Pro-Santuario coordina la logística para recibir a los miles de visitantes que llegan desde distintos puntos de la región.

Según datos del municipio de Montecristi, durante los días de peregrinación se registran más de 40.000 personas que acuden al cantón, convirtiendo la jornada en un evento de alto impacto tanto espiritual como turístico.

Caminos de promesas y esperanza

La caminata de los fieles no solo representa un desplazamiento físico, sino un recorrido simbólico de fe y esperanza. Muchos peregrinos relatan historias de sanaciones, favores recibidos o situaciones superadas que atribuyen a la intercesión de la Virgen. Es común escuchar testimonios de madres que piden por la salud de sus hijos, jóvenes que agradecen por haber encontrado trabajo o familias que oran por la unión y la paz.

“Cada paso es una muestra de fe. No venimos por obligación, sino por agradecimiento”, comenta María Inés Zambrano , una feligresa de Portoviejo que realiza la caminata desde hace 15 años. Como ella, cientos de personas mantienen viva una costumbre que refuerza la identidad religiosa de la provincia.

Durante el trayecto, voluntarios y grupos comunitarios ofrecen agua, refrigerios y asistencia médica básica a los caminantes. La Policía Nacional , la Cruz Roja y el Ministerio de Salud despliegan operativos de seguridad y atención médica para prevenir incidentes, especialmente entre los peregrinos de mayor edad.

Montecristi: epicentro de fe y tradición

La llegada de los fieles transforma por completo la dinámica de Montecristi , una ciudad reconocida no solo por su historia y artesanía -particularmente por los sombreros de paja toquilla-, sino también por su identidad religiosa . Los habitantes locales se preparan con semanas de anticipación para recibir a los visitantes, ofreciendo alojamiento, alimentos y orientación.

El comercio local también se ve beneficiado durante estos días. Los restaurantes, tiendas de recuerdos y vendedores ambulantes ofrecen desde estampas y velas hasta figuras de la Virgen y rosarios bendecidos. Según estimaciones del Gobierno Autónomo Descentralizado (GAD) de Montecristi, la festividad genera un importante movimiento económico , con un impacto positivo en la comunidad.

Además del aspecto religioso, la peregrinación fortalece la cohesión social. La participación de organizaciones barriales, parroquiales y estudiantiles demuestra que la fe sigue siendo un elemento unificador en una sociedad cada vez más diversa.

Historia y simbolismo de la Virgen de Monserrate

La imagen de la Virgen de Monserrate es considerada patrona espiritual de Montecristi y protectora de los manabitas . Representa a la Virgen María con el Niño Jesús en brazos y es venerada como símbolo de protección y esperanza . Su devoción guarda paralelismo con la Virgen de Montserrat, en Cataluña (España), aunque la versión ecuatoriana ha adquirido rasgos propios del sincretismo cultural manabita.

Durante siglos, el culto a la Virgen ha sido transmitido de generación en generación. Las crónicas locales narran que su imagen fue salvada en varias ocasiones de desastres naturales, lo que reforzó la creencia en su poder milagroso. Hoy, el santuario se mantiene como un punto de encuentro entre la fe católica y las expresiones culturales populares de la región.

Seguridad y organización de la peregrinación

Para garantizar el bienestar de los participantes, las autoridades de Manabí implementan cada año un plan de contingencia . Se habilitan puntos de control, zonas de descanso y asistencia médica a lo largo de las principales rutas. La Policía de Tránsito regula la circulación vehicular, mientras que el Cuerpo de Bomberos y los paramédicos permanecen atentos a posibles emergencias.

Las instituciones eclesiásticas también promueven campañas de concientización, recordando a los fieles la importancia de mantener una actitud respetuosa y responsable durante el recorrido. Este esfuerzo conjunto entre la Iglesia, el Estado y la comunidad permite que la caminata se desarrolle de manera ordenada y segura.

Fe que se renueva cada año

La caminata hacia la Virgen de Monserrate de Montecristi no solo es una muestra de religiosidad, sino también un reflejo de la identidad manabita . Cada noviembre, los caminos se llenan de esperanza, promesas cumplidas y gratitud. Los peregrinos regresan a sus hogares con el corazón lleno de fe, convencidos de que la Virgen seguirá velando por ellos y sus familias.

La tradición continúa viva, desafiando el paso del tiempo y reafirmando que, en Montecristi, la fe camina junto al pueblo .