En las montañas de Junín, provincia de Manabí, el aguardiente de caña (conocido popularmente como currincho) es símbolo de identidad , trabajo y herencia. En el sitio El Caucho, dentro de la comunidad de Agua Fría, Simón Velázquez Mora ha dedicado más de dos décadas a este oficio que representa el alma productiva del cantón.

Desde su trapiche, cada amanecer marca el inicio de un proceso que combina fuerza, conocimiento y paciencia. El ciclo comienza con la llegada de la caña cortada, que se muele cuidadosamente para extraer su jugo. Este líquido, espeso y dulce, pasa luego a los tanques de fermentación , donde permanece alrededor de 48 horas. Durante ese tiempo, los azúcares naturales se transforman lentamente, preparando la base para el aguardiente.

Etapas clave en la elaboración del currincho: del trapiche al fuego

Una vez concluida la fermentación, el líquido pasa a los calentadores. Allí, bajo el control minucioso de Simón y su equipo, se inicia la destilación que dura aproximadamente tres horas. El fuego debe mantenerse constante para que el vapor recorra las “culebrinas”, tuberías metálicas que conducen el licor hasta los condensadores, donde finalmente nace el aguardiente puro.

De cada jornada se obtienen alrededor de 420 litros de esta bebida, reconocida en toda la región por su sabor fuerte y natural. No contiene aditivos ni mezclas, lo que le da una pureza que distingue al currincho juninense. Este producto viaja a diversos destinos del país, entre ellos Portoviejo, Manta, Santo Domingo, Quevedo y El Empalme, donde es apreciado por su calidad artesanal.

Tradición y sustento para las familias rurales

Más allá del valor económico, la elaboración del currincho genera empleo. Durante la zafra, que se extiende de julio a diciembre, decenas de personas participan en el corte, molienda, transporte y destilación de la caña. Es una época de movimiento constante en El Caucho y otras zonas productoras de Junín, donde el sonido del trapiche y el vapor de los alambiques se vuelven parte del paisaje.

El trabajo no se limita al aguardiente. En la misma comunidad también se elaboran productos derivados de la caña como la panela y el alfeñique, que complementan la economía local. Estos oficios, transmitidos de generación en generación, han permitido que la tradición montuvia conserve su vigor a pesar de los cambios del tiempo.

El impacto del clima y la resiliencia del oficio

El proceso depende directamente de las condiciones climáticas. Durante el invierno, la alta humedad y el exceso de agua afectan la calidad de la caña y obligan a suspender temporalmente la producción. En cambio, el verano es la temporada de mayor rendimiento , cuando el sol favorece la concentración de los azúcares y mejora el grado alcohólico del aguardiente.

Simón Velázquez explica que, aunque el trabajo es arduo, representa una fuente de orgullo para su comunidad. Cada litro de currincho sintetiza el esfuerzo, la técnica y la historia de quienes, con fuego y caña, mantienen viva una tradición que distingue a Junín y a Manabí.