Los incentivos estatales para la construcción de vivienda, como los créditos preferenciales del BIESS y el programa Miti-Miti, activan entre 12 y 15 sectores productivos, incrementan de forma inmediata el circulante económico y generan empleo en Ecuador, mientras expertos advierten que la oferta de vivienda social aún no cubre la demanda real, especialmente en ciudades como Portoviejo y Manta.

El sector de la construcción se consolida como uno de los principales dinamizadores de la economía nacional debido a su capacidad de generar empleo directo e indirecto. Así lo explicó el ingeniero civil Bruno Poggi Guillén, exministro de Vivienda y exasambleísta por Manabí, quien destacó que esta actividad productiva involucra a una amplia cadena de valor.

"El sector de la construcción involucra a albañiles, ingenieros, arquitectos, electricistas, carpinteros, soldadores, fabricantes de aluminio y vidrio, entre muchos otros. Es un mundo completo", señaló Poggi, al referirse al impacto transversal que tiene la ejecución de proyectos habitacionales.

Este encadenamiento productivo permite que entre 12 y 15 ramas económicas se beneficien de forma simultánea, lo que genera un efecto multiplicador en el circulante económico, especialmente en ciudades con alta demanda de vivienda.

Impacto inmediato en empleo y economía local

Poggi subrayó que uno de los principales atributos de la construcción es su impacto casi inmediato en la economía. "La construcción es inmediata porque se paga semanalmente. Usted empieza una obra y a la semana ya tiene que empezar a pagar, y eso se siente de inmediato en la economía", afirmó.

Como antecedente, recordó el proyecto habitacional Las Orquídeas, ejecutado en Portoviejo en 2004, con 998 soluciones habitacionales. Según detalló, esa obra aportó más del 25% del circulante económico de la ciudad durante diciembre de 2004 y enero de 2005, evidenciando la capacidad del sector para dinamizar la economía urbana.

Este tipo de experiencias respaldan la expectativa generada por los actuales programas estatales, que buscan replicar ese impacto a través de incentivos financieros dirigidos a la primera vivienda.

Características de los principales incentivos vigentes

Entre los programas destacados se encuentra el crédito hipotecario Credicasa del BIESS, que ofrece una tasa histórica del 2,99% anual, la más baja registrada en el país. Este financiamiento permite acceder a viviendas con plazos de hasta 25 años, dirigido a afiliados con al menos 36 aportaciones y jubilados menores de 77 años.

A este se suma el programa Miti-Miti, que establece una tasa final del 4,99% anual, mediante un esquema en el que el Estado cubre el 50% del interés. El programa financia viviendas de interés social (VIS) hasta USD 83.660 y de interés público (VIP) hasta USD 107.630, con entrada mínima del 5%.

Ambos esquemas buscan ampliar el acceso a vivienda y, al mismo tiempo, incentivar a promotores y constructores a desarrollar proyectos ajustados a estos rangos de precios.

El déficit habitacional y la limitada oferta social

Desde el sector gremial, el presidente del Colegio de Ingenieros Civiles de Manabí, Fabricio Villavicencio, coincidió en que las tasas preferenciales representan un incentivo importante, pero advirtió que la oferta de vivienda social sigue siendo limitada frente a la demanda existente.

"En ciudades como Portoviejo y Manta, la mayoría de la oferta habitacional está entre los USD 70.000 y USD 120.000, por lo que no entra en los parámetros de la vivienda social", explicó Villavicencio.

El dirigente recordó que el déficit habitacional en Ecuador supera los 2 millones de soluciones habitacionales, una cifra que incluye tanto la falta de vivienda como aquellas construcciones que no cuentan con servicios básicos completos o condiciones adecuadas de habitabilidad.

Retos institucionales y planificación urbana

Villavicencio señaló que el impacto de estos incentivos dependerá también de la coordinación entre el sector público y privado. "La tasa es atractiva, pero debe ir acompañada de procesos ágiles de calificación, permisos municipales, incentivos tributarios y planificación urbana", indicó.

Advirtió además que la vivienda social suele desarrollarse en zonas alejadas, donde el acceso a transporte y servicios es limitado, lo que reduce su atractivo para los beneficiarios.

En conjunto, los incentivos estatales a la vivienda se perfilan como una herramienta clave para reactivar la construcción, movilizar empleo y fortalecer el circulante económico; sin embargo, especialistas coinciden en que el desafío estructural sigue siendo ampliar la oferta de vivienda social para responder de forma efectiva a la demanda real del país.