David Vera, un joven pescador de 19 años oriundo del cantón Jaramijó, en la provincia de Manabí, Ecuador, capturó este 8 de julio de 2025, un marlín negro (Istiompax indica) de 655 libras y más de cinco metros de largo sin utilizar tanque de oxígeno, convirtiéndose en una de las hazañas más destacadas en el ámbito de la pesca submarina.

Un día de pesca que se volvió histórico en Jaramijó

El hecho ocurrió a más de cuatro millas de las costas de Jaramijó, cuando David y su equipo salieron a pescar como cualquier otra jornada. El joven se sumergió a pulmón, como lo ha hecho desde hace cinco años, y divisó una sombra que inicialmente confundió con un banco de albacoras. Al descender a 17 metros de profundidad, se encontró con un pez de gran tamaño que se desplazaba con lentitud.

Parecía una ballena, era enorme”, relató Vera. El pez reaccionó al movimiento del buzo, y en ese momento David logró dispararle en la cabeza con su arpón, dejándolo aturdido. La batalla duró aproximadamente dos horas, con la participación de su padre, Santo Vera, y dos tripulantes a bordo de la lancha “Relámpago”.

El marlín, un pez picudo que habita zonas tropicales del Pacífico, opuso resistencia durante más de una milla náutica antes de ser asegurado. La faena fue documentada y luego pesada en una grúa, registrando 655 libras, superando marcas previas conocidas en pesca submarina sin oxígeno en Ecuador.

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La vida entre redes y aletas en Jaramijó

David comenzó en la pesca desde los 14 años, aprendiendo el oficio de su padre, buzo con más de 35 años de experiencia. Se formó en el colegio Luis Felipe Chávez, de Jaramijó, pero decidió dedicarse al buceo profesional por vocación. “Este deporte me gusta más”, explicó el joven, quien asegura que el respeto al mar es una de las primeras lecciones que aprendió.

Su rutina comienza a las 5h40, cuando junto a su padre y compañeros salen en la embarcación hacia zonas específicas como los bajos o “las jaulas”, donde practican pesca con arpón. Cada buzo lleva un compañero de respaldo en caso de emergencia, y todos se lanzan sin equipos de oxígeno.

David desciende regularmente hasta 17 metros, donde permanece cerca de un minuto y medio bajo el agua, realizando técnicas de espera y atracción para capturar las especies. La disciplina, la respiración controlada y la lectura del mar son claves para no arriesgar la vida en un entorno que puede tornarse peligroso en segundos.

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David y su equipo en la lancha Relámpago.

Herencia familiar y sustento diario

La pesca es más que una hazaña para la familia Vera. Es su medio de vida. En la casa ubicada en la ciudadela Rafael Correa, en Jaramijó, Betsy Yesenia Bailón, madre de David, explicó que sus jornadas de pesca son diarias, y que el sustento familiar depende de lo que logren capturar.

Pargos, guajúes, albacoras, sierras, pulpos, langostas... es el pan de cada día”, dijo. El pez marlín fue vendido posteriormente a un comerciante local, según relató el padre, quien estimó que, aunque el tamaño del pez sugiere un alto valor, el precio del mercado estaba bajo.

“El marlín grande a veces se paga menos, por su tamaño y volumen. Se habla de que podrían haber recibido entre 800 y 1000 dólares, aunque en otras condiciones el valor podría llegar a 2.000 dólares”, explicó Santo Vera.

Un récord sin precedentes

Este marlín negro (Istiompax indica) capturado sin asistencia respiratoria, a pulmón libre, representa una de las mayores presas registradas en la pesca submarina ecuatoriana. Aunque no existe aún un registro oficial por parte de una federación internacional, las imágenes y el peso registrado en grúa respaldan la magnitud del logro.

El marlín negro es una de las especies de mayor tamaño entre los peces picudos. Se distribuye en aguas tropicales y subtropicales del Pacífico e Índico, y se caracteriza por su velocidad, fuerza y tamaño. Normalmente se pesca en modalidad deportiva con caña o en embarcaciones con sistemas de pesca profesional, pero la captura a pulmón es extremadamente inusual.

Riesgos del oficio: entre la destreza y el peligro

El buceo sin oxígeno conlleva riesgos importantes. David ha vivido al menos tres experiencias cercanas a accidentes, como encuentros con embarcaciones que no detectan al buzo, hélices peligrosas o barcos que se aproximan sin precaución. En todos los casos, la reacción rápida ha sido fundamental para evitar tragedias.

Además, disparar a un pez de frente puede provocar que el animal reaccione de forma violenta. “Un picudo puede embestir con su pico si se siente amenazado”, explicó. Por eso, el entrenamiento, la calma y el cálculo son elementos que no se pueden improvisar.

El joven asegura que nunca ha usado soga ni asistencia externa. Las aletas de buceo y la experiencia le permiten controlar su flotación y descenso. “Solo el mar y yo”, afirma. La lancha permanece cerca para seguir su ubicación y asistir si algo sale mal.

Proyección futura y legado

David, padre de un hijo pequeño, espera algún día enseñar a su hijo el arte del buceo, al igual que su padre hizo con él. “Que aprenda también, que saque esos grandotes del mar”, comentó con entusiasmo.

Santo Vera, por su parte, se siente orgulloso del legado que ha transmitido. “Nadie en Ecuador ha cogido un pez tan grande como lo ha cogido mi hijo”, señaló, visiblemente emocionado. La hazaña de David no solo representa una marca en el deporte, sino también una muestra de esfuerzo familiar, tradición y perseverancia.

La pesca artesanal, sin apoyo de grandes embarcaciones ni tecnologías modernas, se mantiene como una actividad vital para muchas familias de la costa ecuatoriana. Con esta hazaña, Jaramijó se posiciona en el mapa mundial del buceo libre, visibilizando la dedicación de quienes enfrentan el mar con coraje y conocimiento transmitido de generación en generación.