Con su mascota en brazos y el rostro sereno, Vicente Cevallos se abrió paso entre los fieles que acompañaban las estaciones del viacrucis. No caminaba solo por devoción religiosa. También lo hacía por amor a Mateo, su perro de un año y medio, cuya salud lo mantiene preocupado.

El hombre avanzaba lentamente entre la multitud que recorría las calles de Portoviejo durante el viacrucis de Viernes Santo. Mientras los fieles rezaban y entonaban cantos religiosos, Cevallos sostenía con cuidado a su mascota, decidido a completar todo el recorrido como una promesa personal.

La caminata, que se extendió por más de dos horas y cubrió cerca de ocho kilómetros, reunió a cientos de personas que participaron en esta tradición religiosa profundamente arraigada en la ciudad.

Una promesa nacida del dolor

La preocupación de Cevallos por Mateo tiene un trasfondo doloroso. En los últimos meses vivió una experiencia difícil con sus mascotas. Tenía once perros, pero cinco de ellos enfermaron y cuatro murieron.

Mateo fue el único que sobrevivió, aunque también enfrenta problemas de salud que mantienen a su dueño en constante preocupación. Esa experiencia llevó a Cevallos a aferrarse aún más a su fe, buscando en la oración un consuelo y una posible esperanza.

Debido a su delicado estado, el perro no puede alimentarse con normalidad. Su dueño explicó que debe darle comida con una jeringa descartable para evitar que haga esfuerzo, un cuidado que forma parte de su rutina diaria.

A pesar de todo, mantiene la esperanza de que su mascota logre recuperarse. Por eso decidió caminar todo el viacrucis con Mateo en brazos, convencido de que la fe puede acompañar incluso los momentos más difíciles.

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Cientos de personas caminaron junto a la imagen de Jesús crucificado por las calles de Portoviejo. Monseñor Eduardo Castillo también participó en el recorrido. - El Diario.

Una caminata de fe por la ciudad

El viacrucis comenzó en el redondel de los apóstoles Pedro y Pablo, ubicado en el ingreso a Picoazá. Desde allí, los fieles avanzaron por la calle 5 de Junio, continuaron por la calle América y luego siguieron por la avenida Universitaria hasta llegar a la catedral.

A lo largo del trayecto, más personas se fueron sumando a la caminata. Algunos llevaban velas encendidas, otros cargaban cruces o imágenes religiosas, mientras muchos participaban en silencio acompañando las oraciones que recordaban la pasión de Jesucristo.

Cada estación invitaba a reflexionar sobre el sacrificio y el amor que simboliza este camino espiritual, convirtiendo la procesión en un momento de recogimiento para quienes participaron.

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En la procesión participaron familias enteras, niños y adultos mayores. - El Diario.

Una tradición que reúne a miles

El arzobispo de la Arquidiócesis de Portoviejo, Eduardo Castillo Pino, participó en el recorrido y destacó que el viacrucis permite a los creyentes vivir el camino de la cruz no como espectadores, sino como participantes.

La caminata contempló 14 estaciones distribuidas a lo largo del trayecto. Durante el recorrido se realizó una parada intermedia en la iglesia Espíritu Santo para la hidratación de los participantes antes de continuar hacia la catedral.

La jornada formó parte de las celebraciones centrales de la Semana Santa. Tras el viacrucis del Viernes Santo, el Sábado Santo se vive el silencio del sepulcro y en la noche se celebra la Vigilia Pascual.

El domingo, finalmente, las iglesias celebran el Domingo de Resurrección, considerado el día más importante para los cristianos porque recuerda la victoria de Jesucristo sobre la muerte.

Pero en medio de la multitud que caminó entre rezos y reflexiones por las calles de Portoviejo, la imagen de Vicente Cevallos avanzando con su perro en brazos dejó una escena distinta del viacrucis: la de un hombre que caminaba con fe, pero también con el profundo amor por su mascota.