La fe católica en Manabí vive sus días de mayor introspección en el marco de la Semana Santa. Hoy, jueves 02 de abril, la Catedral Metropolitana de Portoviejo se convierte en el epicentro de la unidad eclesiástica con la celebración de la Misa Crismal. Monseñor Eduardo Castillo, máximo representante de la Iglesia en la provincia, fue parte de una entrevista de Manavisión Plus, allí desglosó el cronograma litúrgico, su labor en territorio y la recuperación de la memoria histórica de la Arquidiócesis.
-¿Cómo se ha preparado la Iglesia de Manabí para estos días de Semana Santa?
En realidad, parte viene de la organización de la curia, del arzobispo, pero fundamentalmente se hace en las parroquias. A nivel nacional existen directrices y una guía para todo el año de las celebraciones litúrgicas donde se detalla lo que tiene que ver con la Semana Santa; la Iglesia en todo el mundo ya tiene sus libros bien definidos.
Sin embargo, cada parroquia ve su realidad; hay parroquias de ciudad y otras con muchas comunidades rurales, por lo que la preparación es muy local. No es un evento de organización única para toda la diócesis, a no ser por la misa de esta mañana (Misa Crismal), donde vienen todos los sacerdotes a la Catedral. Es un evento único y lo demás se hace parroquialmente.
-A propósito de la Misa Crismal que se desarrolla este jueves, ¿en qué consiste y qué elementos la hacen especial?
El Jueves Santo se conmemora y se revive la institución de la Eucaristía y del sacerdocio cristiano. Por ese motivo, teológicamente existe un único sacerdote que es Jesucristo, y lo que llamamos "sacerdote" nosotros es Cristo actuando a través de uno. El obispo se reúne con todos los sacerdotes para que quede claro que es un único sacerdote, Cristo, porque nadie va por su cuenta.
Se llama 'Crismal' porque es la misa en la cual el obispo consagra los diferentes aceites: el de los enfermos, el de los catecúmenos (previo al bautismo) y especialmente el Crisma, que se mezcla con aromas para la confirmación y ordenación. Los sacerdotes llevan esta sustancia para extender la labor de Cristo en unión con el obispo; todos realizan los sacramentos siendo las manos del único sacerdote.
-¿Cuántos sacerdotes participan en esta ceremonia en la Catedral?
En principio son todos. Realmente son 120 y tantos sacerdotes los que acuden a este encuentro de unidad.
-Monseñor, yendo atrás en el tiempo, ¿cómo vivía Eduardo Castillo, el niño y el joven, estos días santos?
Gracias a Dios siempre participaba en todo: en Ramos, en la misa del jueves por la noche y el Viernes Santo con el Víacrucis. Yo sentía la vocación sacerdotal desde los 11 años, de manera que vivía estas celebraciones con mucha piedad y fervor personal. Como seminarista también era especial; en las parroquias hay mucha gente, pero en los seminarios, al estar solos, podíamos vivir los ritos con más atención y cuidado porque estábamos aprendiendo.
Ya como sacerdote es otra cosa: uno está en el centro e implica muchísima organización, por eso es costumbre que en Cuaresma los sacerdotes hagamos un retiro espiritual para estar en oración antes de tanta actividad.
-Se cumple un año de la elección del Papa León. ¿Qué ha significado este tiempo y qué relación mantiene con él?
Él desarrolló su ministerio en América Latina. Por circunstancias de la vida, me escribí dos veces con él siendo obispo y él me felicitó cuando fui nombrado Arzobispo de Portoviejo. Él vino aquí en dos ocasiones para visitar a los Agustinos cuando era Ministro General de la orden.
Lo encontré en octubre en Roma y le hice recuerdo de su presencia aquí. Precisamente, los obispos del Ecuador tenemos en noviembre la visita Ad Limina Apostolorum (a las tumbas de los apóstoles). Es una visita que se hace para renovar el vínculo con Pedro; enviamos un informe largo de todos los aspectos de la diócesis seis meses antes para luego repasar el caminar de la Iglesia con el Papa.
-Mañana el Papa León cargará la cruz en el Víacrucis de Roma, algo que no ocurría hace tiempo por salud. ¿Qué mensaje nos da ese gesto?
Es muy significativo. El cargar la cruz representa a Jesucristo. El Viernes Santo es el único día en que no hay misa porque el Señor está muriendo, pero cargar la cruz es como una sustitución: el Papa vive en primera persona esa pasión que en cada misa se revive espiritual y sacramentalmente.
-Sobre la organización en Portoviejo para el Viernes Santo, ¿dónde será la concentración y qué actividades se prevén?
Primero se realiza en las iglesias la celebración de la muerte del Señor, generalmente a las tres de la tarde para reproducir la hora en que Él sufrió. Luego viene el Víacrucis. Queremos que sea visible para toda la ciudad, por eso se hace desde el redondel de Picoasá hacia la Catedral. Yo acompaño ese recorrido y después voy a Manta a otro Vía Crucis más tarde; uno termina agotado, pero es gratificante ver a miles de personas de distintas parroquias participando con orden y devoción. Los jóvenes de la Pastoral Juvenil ayudan mucho con la logística y el agua.
-¿Qué ocurre el Sábado Santo y el Domingo de Resurrección?
El sábado es un día de silencio; no hay celebraciones porque revivimos al Señor en el sepulcro. Las iglesias ni siquiera tienen manteles en los altares; es un vacío total. Pero en la noche llega la Vigilia Pascual, la celebración más importante de todo el año. Pasamos de la oscuridad a la luz: se bendice el fuego, se enciende el Cirio Pascual que indica a Cristo resucitado y cada fiel toma de esa luz. Hay flores, cantos y vida nueva.
-¿Cuál es el significado profundo del ayuno en estos días?
Indica penitencia. El ayuno dice: "yo necesito más a Dios que al alimento". Nos recuerda que nuestro sustento principal es Dios. El Viernes Santo es para unirnos a lo que Jesucristo vivió en primera persona; si uno come con normalidad, actúa como un simple espectador externo, pero el ayuno nos mete en el sacrificio.
-Hablemos de la labor de la Arquidiócesis en la provincia, especialmente en zonas afectadas por la criminalidad.
La labor es inmensa y descentralizada. Hace una semana me reuní con 20 sacerdotes de los lugares más sensibles de Manabí y fue un momento muy duro. Ahí se ve que la Iglesia está metida en la realidad social y en las casas; es una labor callada pero benéfica. Yo mismo estuve en la cárcel hace tres días dando sacramentos a más de cien personas. La presencia de la Iglesia en el dolor es magnífica; estamos donde la situación es más difícil.
-Se percibe que usted es un "Arzobispo de territorio". ¿Es una decisión personal estar tan presente en los cantones?
He querido hacerlo así, aunque es un desafío porque Manabí es la diócesis más extensa del país. Es casi una "locura" porque difícilmente paso un día entero en la curia. Pero si uno está en la vivencia, se forma la sustancia de la comunidad. Es más fácil que todo fluya cuando compartes con las personas en lugar de ser un jefe que solo manda desde lejos. Trabajo en el carro con la computadora para avanzar en lo administrativo, pero opto por estar allá, compartiendo la vida.
-La Catedral de Portoviejo luce renovada. ¿En qué estado se encuentra actualmente la infraestructura?
Es el mejor momento de su historia. Se hizo una readecuación y reconstrucción parcial, invirtiendo mucho en lo que no se ve: estructuras y bases. También se restauraron pinturas, mosaicos y el órgano, que creo es el mejor del país. Se renovó la iluminación y el sistema de transmisión.
Hoy, por ejemplo, usaré el báculo original de Monseñor Pedro Schumacher después de 130 años, gracias a una donación de la Arquidiócesis de Quito. Estamos recuperando documentos históricos y campanas antiguas para fortalecer nuestra identidad.