Quito lidera el reclamo institucional contra las recientes modificaciones legislativas que pretenden alterar la estructura financiera de los gobiernos locales. Este martes 24 de febrero de 2026, el Concejo Metropolitano de la capital ecuatoriana tomó una postura firme al aprobar, con una mayoría de 15 votos a favor, la presentación de una demanda de inconstitucionalidad contra la reforma al Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomía y Descentralización (COOTAD). Esta resolución surge como una respuesta directa a la normativa que busca imponer una distribución rígida del presupuesto, obligando a las administraciones a destinar el 70% a inversión y apenas el 30% al gasto corriente.
La sesión del órgano legislativo de Quito evidenció una preocupación profunda sobre el alcance de esta nueva reforma legal, la cual fue sancionada previamente por el Ejecutivo. Los ediles argumentan que la obligatoriedad de estos porcentajes no se ajusta a la realidad operativa de un municipio que gestiona servicios complejos y de gran escala. Al interponer esta acción jurídica, que incluye además una medida cautelar y una acción de protección, la ciudad busca frenar lo que considera una vulneración flagrante a su capacidad de gestión autónoma, garantizada por la normativa suprema del país.
Fundamentos legales y autonomía constitucional
En el debate generado en Quito, se enfatizó que la denominada Ley Orgánica Reformatoria para la Sostenibilidad y Eficiencia del Gasto atenta contra la autonomía política y administrativa. El cuerpo colegiado recordó que el artículo 1 de la Constitución define al Estado como descentralizado, un principio que parece quedar relegado con las nuevas imposiciones financieras. Para los concejales, el respeto a las competencias exclusivas de los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD) es innegociable, ya que cualquier interferencia externa debilita la estructura democrática y la eficiencia en la prestación de servicios públicos esenciales.
El sustento jurídico que defiende Quito se ampara también en el artículo 238 constitucional, el cual blinda la independencia de los gobiernos locales frente a otras funciones del Estado. Según los considerativos de la resolución aprobada, ni la Asamblea Nacional ni la Presidencia pueden interferir de forma arbitraria en la planificación financiera de los ayuntamientos. La normativa del COOTAD, en sus artículos 5 y 6, refuerza esta protección, estableciendo límites claros para evitar que el poder central dicte políticas que asfixien la operatividad de los gobiernos de cercanía en todo el territorio.
Falta de deliberación y participación ciudadana
Otro de los puntos críticos señalados en Quito fue la metodología empleada por el Legislativo nacional para la aprobación de estas enmiendas. La resolución municipal deja constancia de que no existió un proceso de deliberación plural y participativo, ignorando las solicitudes de los GAD para ser escuchados en el debate. Esta supuesta omisión legislativa es vista como un atropello a la participación democrática, ya que se legisla sobre recursos locales sin considerar la voz de quienes los administran y conocen las necesidades reales de la población urbana y rural.
Para las autoridades de Quito, la sanción de la ley por parte del Presidente de la República se dio sin garantizar un análisis técnico profundo sobre las repercusiones en cada territorio. Se exhortó a la Asamblea Nacional a que, en sus futuras actuaciones, se ciña estrictamente a los preceptos constitucionales y evite la creación de normas que generen centralismo financiero. La sensación general en el Palacio Municipal es que la reforma fue diseñada desde un escritorio lejano a la dinámica social, lo que constituye una injerencia peligrosa para la estabilidad de los proyectos de desarrollo local.
Riesgos inminentes para los servicios sociales
La aplicación de la reforma en Quito podría traer consecuencias devastadoras para programas emblemáticos que dependen directamente del gasto corriente para su funcionamiento. Entre los servicios que podrían verse afectados se encuentran los centros de atención a la primera infancia conocidos como Quito Wawas, que brindan soporte vital a miles de familias. Además, el subsidio al transporte público, fundamental para la movilidad de la ciudadanía, entraría en una zona de incertidumbre financiera debido a las restricciones impuestas por la nueva norma legal.
El impacto no se detiene ahí, pues en Quito también se teme por la continuidad de los centros de salud municipal y los comedores populares. La resolución aprobada advierte que rubros destinados a la educación inicial y los fondos de capital semilla para emprendimientos locales se verían mermados por el techo del 30% en gasto operativo. Estos programas son considerados pilares de la política social para grupos prioritarios, y su debilitamiento representaría un retroceso irreparable en la garantía de derechos fundamentales para los habitantes de la carita de Dios.
Acciones judiciales ante la Corte Constitucional
Ante este panorama, la Procuraduría Metropolitana de Quito ha recibido la disposición inmediata de iniciar las acciones legales ante la Corte Constitucional. El objetivo primordial es obtener la suspensión provisional de la normativa a través de medidas cautelares, evitando que el daño a las arcas municipales se vuelva irreparable. Los expertos legales del municipio consideran que existe una afectación grave y persistente que debe ser subsanada mediante el control de constitucionalidad, garantizando que el presupuesto se utilice según las prioridades locales.
La defensa de Quito se centrará en demostrar que la sostenibilidad fiscal no debe lograrse a costa de la desatención de los servicios básicos. Se espera que el máximo organismo de control constitucional actúe con celeridad para proteger los derechos y competencias de los gobiernos locales frente a esta normativa regresiva. Mientras tanto, el Concejo Metropolitano se mantiene en sesión permanente para vigilar el avance de este proceso, reafirmando su compromiso con la defensa de la autonomía institucional y el bienestar de todos los quiteños frente a decisiones externas.