Los trastornos alimenticios como la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa afectan a millones de personas en el mundo, con mayor incidencia en adolescentes y adultos jóvenes.
Un informe reciente de la Organización Mundial de la Salud advierte que estas enfermedades representan un problema creciente de salud mental que requiere atención temprana e integral.
De acuerdo con la OMS, en 2021 al menos 16 millones de personas vivían con trastornos alimentarios, de las cuales cerca de 3,4 millones eran niños y adolescentes.
Estas afecciones se caracterizan por alteraciones graves en la conducta alimentaria y una preocupación excesiva por el peso y la imagen corporal, lo que puede generar consecuencias físicas y psicológicas severas.
Origen involucra varios elementos
Los especialistas coinciden en que estos trastornos no responden únicamente a hábitos alimenticios, sino a factores complejos.
El National Institute of Mental Health señala que su origen puede involucrar elementos genéticos, psicológicos y socioculturales, además de la influencia del entorno y la presión social.
La investigadora Cynthia Bulik explica que estas enfermedades suelen estar asociadas a problemas de autoestima, ansiedad y necesidad de control. "No son una elección, sino trastornos serios que afectan tanto la salud física como mental", sostiene en sus estudios sobre conducta alimentaria.
Impacto en la población joven
A nivel global, la preocupación se incrementa debido al impacto en la población joven. La OMS advierte que uno de cada siete adolescentes padece algún trastorno mental, grupo en el que los trastornos alimenticios ocupan un lugar relevante dentro de las afecciones no tratadas.
Además, investigaciones recientes señalan que los casos han aumentado tras la pandemia, con un crecimiento de hospitalizaciones y una disminución en la edad de aparición.
Fortalecimiento de la salud mental
La nutricionista Evelyn Tribole advierte que la cultura de dietas restrictivas y los estándares corporales irreales siguen siendo factores de riesgo importantes, especialmente en jóvenes expuestos a redes sociales.
Los expertos coinciden en que la detección temprana es clave. Cambios en los hábitos alimentarios, preocupación excesiva por el peso o conductas como el aislamiento pueden ser señales de alerta.
Finalmente, organismos internacionales insisten en fortalecer la educación en salud mental y promover una relación equilibrada con la alimentación, como parte fundamental del bienestar integral.