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Buscan más apoyo para rescatar cultivos de café

Carlos Chóez es una de las cinco personas del sitio Pacoche de Manta que se dedican a cultivar café.

Domingo 10 Enero 2021 | 10:53

 Él proviene de una familia de caficultores del cantón Jipijapa. 

De los siete hermanos que tiene, solo él se dedica a cultivar café en la zona rural de Manta. 
En su propiedad, Carlos cultiva la variedad akawa que proviene de Brasil y que entre sus características sobresale su resistencia a enfermedades como la broca y la roya, indica.
Este agricultor tiene dos hectáreas y media sembradas de café y ya lleva tres años de cosecha. 
“El primer año fue muy poco y aquello se destinó para el consumo de la comunidad. Ese año fueron aproximadamente 80 quintales”, dijo. 
Chóez recordó que el segundo año -apoyados por el Ministerio de Agricultura- mejoró la selección del café y logró cosechar más de 200 quintales. Sin embargo, se sintió decepcionado del ministerio que les ofreció comprar el producto, pero no fue así. 
Diego Loaiza, de 35 años, se dedica desde el 2008 al cultivo del café en Manta. 
Él y su familia adquirieron una propiedad en Pacoche, motivados por el microclima del lugar. 
La variedad que ellos siembran es sarchimor y en su finca tienen sembradas 35 mil plantas en casi diez hectáreas. 
Loaiza dijo que la primera vez que cogieron café fueron cerca de 25 quintales, luego decidieron dar degustaciones de café en la playa El Murciélago. 
“Ya con la aceptación de la gente le pusimos nombre a nuestro producto y se bautizó como Café de Pacoche, que ya se comercializa en Manta, Guayaquil y Quito y varios clientes extranjeros que llegan a Pacoche por motivo turístico”, contó. 
Loaiza agregó que en Las Piñas también hay un extranjero que cultiva café, no así los lugareños que dejaron morir esta actividad.
Sostiene que muchos moradores dejaron el cultivo porque es costosa su producción, es decir, transformarlo en café tostado, ya que es un proceso largo y demanda gastos. “Solo desde cuando uno coge un grano rojo de la planta y lo procesa para poder tomarse una taza de café, como mínimo deben pasar seis días”, explicó. La familia de Loaiza es colombiana y siempre ha sido  cafetalera, por años, incluso le proveen café a Juan Valdez en Medellín, Colombia. 
 
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